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Llamábase Lim ana, y era una de las más graciosas mariposas qne he conocido. Por disgustos de familia que no podré precisar, andaba vestida de luto aliviado. Las alas mayores eran negras, salpicadas de blanco, y las otras dos más pequeñas obscuras, con puntos y rayas azuladas, que servían de dosel á su corpiñito fileteado de oro, que lanzaba fulgurantes irradiaciones. En el forro de su elegante vestido transparecían dos lindos ojos de pavo real en medio de lucientes manchas esmeraldinas. Con tantas y tan lucidas galas, ¿cuál seria la flor que al verla no quedase apasionada? Sus ojos negros, facetados como diamantes negros también, tenían un poder fascinador. La primera vez que un airoso jazmin la vio pasar rápidamente, estremecióse todo sobre su tallo finísimo. Liviana venía perseguida por un pájaro, un verderón maleante y hambriento como un lobo. La linda flor quiso volar en su auxilio, pero las raices no se lo permitieron. i Qué alegría, que satisfacción cuando notó que el monstruo alado renunciaba á su presa, y que Liviana, en su vuelo tortuoso y zigzagueante, volvía hacia el surco donde ella residía! IJmana nunca había reparado en aquel Jazmin, que la observaba constantemente por detrás de una hoja verde que le servía de persiana: pero un día Jazmín extendió el cuello más allá de la celosía, y LJiñana, al pasar, viole y le saludó. Jazmín correspondió al saludo, mandando en homenaje á la bella un poco de su aroma.