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riLANTROPlA, por Crayón. ¿NIVELAMOS? -Conque ya lo sabe usted. El Sr. Cánovas se ha propuesto á todo trance nivelar los presupuestos. ¡Hombre! ¡Gracias á Dios! ¡Que echen las campanas á vuelo! Y ¿cómo va á hacer eso? ¿Introduciendo economías? ¡No, no señor! ¡No faltaba m 4 sl ¡Tocar al bolsillo de los amigos que tiene colocados! ¿Está usted loco? -Hombre, por lo menos suprimirán los abusos. Eso de que haya clase pasiva que por cada duro cobre dos- -Cobran por Ultramar P ú e s como si se les antojara decir que cobran por el Mogol- -Además, y se lo diré á usted en verso, ¿No hay quien cobra su paga con descuento? P u e s no debe importarle á la nación El que haya quien la cobre con a u m e n t o ¡Así h a y compensación! Comprendo, que los pobres truenen contra la desigualdad de clases. Con- los céntÍTn. oS que ahora pienso yo gastarme en el tranvía, teniendo como tengo tan buenas piernas, cualquier desdichado podría comprarse un panecillo. -Pero, señor, si muchos de los que cobran de esa manera no saben dónde está Cltramar, ni conocen más Ultramar que las tiendas de ultramarinos del barrio de Lavapiés. ¡Nada, nada! ¡Que no podemos tocar á las clases pasivas! -Pues que las pongan bajo un fanal. -Ta estudia eso el Sr. Homero. -Bueno; pues ya que no hacen economías, descubrirán por lo menos las ocultaciones. ¡Ah, no! Eso tampoco. Eso está en poder de los caciques, y ¡ya ve usted, hay que tener contentos á los Atahualpas! ¡Pero eso de tenerlos contentos á costa de nuestros bolsillos. ¡Qué quiere usted! ¡Así- randa el mundo! -Pero entonces, jcómo se van á nivelar los presupuestos? ¡Ah! De una manera muy ingeniosa. -jlngenio en. economistas? Me escamo. -Pues no hay para qué, porque la cosa es sencilla, ¡vamos! ¡Un nuevo invento! ¡Venga pronto! -Todo ello se reduce á aumentar los tributos. ¡Jesús, María y José! ¡Pero Cánovas no aceptará eso! Que no? Lea usted la prensa y verá como dice que el Sr. Cánovas aceptará los nuevos impuestos que se le propongan. ¡Ah, j a! Los aceptará él y los pagaremos nosotros? Pues muchas gracias por tanta bondad! -Y ya tiene usted á los hacendistas españoles discurriendo nuevos tributos. ¡Buenas cosas se les ocurrirán! -Unos dicen que estancar la sal. ¿Otra vez? ¿Pues no la desestancaron para favorecer la industria, la ganadería? ¡Bueno, hombre; no sea usted exigente! Cuando estamos desahogados, favorecemos todo eso, y cuando tenemos apuros, damos un papi, rotazo á la industria, á la ganadería, y á todo lo nacido. ¡Y viva el orden! -Otros piden que se estanquen las cerillas. ¿Como en Francia? -SI, seHbr, como en Francia. S B t m lm í é. Péi y Parece que Dios lo h a hecho. T o m e V. buen hombre; est es lo que iba á costarme el tranvía. Yo pueda irme á pié, y V. puede remediarse.