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1 S 4 BLAiíCO Y NEGRO Muy poco después de haberle dicho: ¡Prevenido! le dijo: ¡Fuera! -Y como permaneciera impasible, de un empujón f aé lanzado á la escena Tal impresiíin le produjo la vista del público, que principiaron á flaquearle las piernas; y aquel desmadejamiento, aquellos ojos ísaltirruat que parecían querer saltar de sus órbitas y aquel aspecto lamentable de toda su persona, entendió el piíblico que era un estudio acabado y completo del personaje que interpretaba y le aplaudió frenéticamente. No reseñaré su campaña en aquel teatro, por ser bieii conocida de todos. De allí pasó á Jucellan is, donde trabajó con el mismo éxito. IJizo una teriiporada en el Circo de Paul, con Obregón, y volvió á contratarse con Arderlus, pasando al Principe Alfonso, La vuelta al mundo, Los sohrinos del capitán Grant j otras obras notables del m smo género, fueron otros tantos triunfos para Bosell. Y aquí termina la primera etapa de su vida de teatro. En la temporada cómica de 78 y 79 le contrató Emilio Mario para el teatro de la Comedia. Algunos de los amigos íntimos de este atildado empresario llevaron muy á mal la contrata de Bosell, y pronosticaron desde luego que el actor bufo no gustaría en aa teatro de forma, que rendía culto á la buena tradición del arte escénico. Olvidaban esas personas que Lola Fernández, la másinteresaute, simpática y bella figura de los Bufos, era á la sazón la primera figura de la compañía de Mario. Bosell debutó en la Comedia con Errar la vocación (de Bretón de los Herreros) y Canto de Angeles (obva, estrenada en los Bufos) y fué bien recibido. Se acabó de entablar en aquel escenario con la graciosísima pieza de Kamos Carrión y Vital Aza, La ocasión la pintan calva, que estreijÓ con mucho éxito. Desde entonces es. Za alegría de la casa en todó. teatro donde actúa, como ocurre ahora en el de Lara. En todos los papeles produce siempre un efectSseguro y positivo: el de arrancar francas y expresivas carcajadas á su auditorio. Las disputas de que hablo al comienzo de estas lineas, nacen de si son ó no son de buena ley los recursos que emplea para producir ese efecto. De todo hay en la viña del señor Eosell. Toíios- los confeccionadores de embutidos quedan tamañitos á su lado. Es el morcillero más abundante que se conoce. Aunque peque de minucioso, diré, para inteligencia de los profanos, que morcillear es decir un actor, por su cuenta y riesgo, frases que no e- tán en la obra que representa. Hoieü colabora siempre con el autor, y en ocasiones apenas si dice algo de lo que el autor ha escrito. Algunos autores llevan esto muy á mal; pero conozco á algimo que no sólo excita á Eosell á que diga lo que quiera, sino que apuntalas morcillas para incluirlas en el ejemplar al imprimir la obra. Si esa labor áe contrabando esmala, el público es el primer culpable. Se ríe á mandíbula batiente de las morcillas de Eosell. Por lo cual, Bosell, en machas ocasiones, no tiene freno. Es muy frecuente, al acercarse: á los bastidores cuando él está en escena, oir decir: E o s e l l está desatado esta noche. También he oído á algún autsr, escuchando su obra, exclamar de pronto: ¡Dios míol ¿Que está diciendo ese hombre? Si se supiera contener en 1 3 limites justos, su cualidad de morcillero sería una gran cualidad, porque á veces revela S ingenio peregrino 3 dice y hace cosas graciosísimas. Ejerce en el público una verdadera tiranía, y en ocasiones abusa de su poder y de su prestigio, sin pararse á pensar que los abusos engendran las revoluciones. Por rara excepción hay que dispensarle á Bossell sus sombreros inverosímiles, sus inconcebibles pelucas, sus narices descomunales y sus trajes de tela de colchón, en gracia de la muchísima gracia que tiene. Sus simulados tropezones sus salidas de escena, queriéndoseyíZí ar por la pared, como el Comendador; sus inflexiones de. voz, rarísimas; sus desentonos repentinos, y sobre todo y principalmente, lo que añade de su cosecha, constituyen los i- asgbs. niás salientes de su fisonomía artística, que, como dejo dicho, es de grandísima originalidad. Sobre todas las opiniones individuales que puedan serle adversas, tiene á su favor el aplauso constante del público, y fuerza es reconocer que para mantenerse en primera línea durante tantos años, haciendo las cosas que hace, á más de la gracia, que en él es indiscutible, se necesitan claro talento y agudo ingenio. Él los tiene, indudablemente. Pero lo que en él sobresale sobre todas sus condiciones, es la afición, el deseo, el entusiasmo, en una palabra, por el arte escénico. Pone, como suele decirse, toda la carne en el asador, y cuando sale á la escena hace todo lo que sabe y todo lo que puede. Jamás ha salido á escena á rezar el papel, como hacen otros muchos actores, después de las primeras representaciones. Él dice que hay que animar las obras cuando van cansadas, y de esa suerte expüca su deseo (que realiza siempre) de decir y hacer algo nuevo. En su trato es afable, cariñoso, expresivo y hasta expansivo. Sin perder ninguna de estas cualidades, y sin llegar nunca á descomponerse, porque es hombre de buena educación, es un díscutidor tenaz y temible. Temible, porque creo que discute por sistema. Arma una discusión en el filo de una espada, y rara vez se deja persuadir. El espíritu de contradicción es su propio espíritu. Es aplicable á Eosell lo de aquel ateneísta que entró una vez en el salón de sesiones, y, sin saber lo que se discutía, exclamó: -Pido la palabra en contra. -No quedan ya turnos en contra- -replicó el presidente. -Pues pido la palabra en pro. Como muchos catalanes, Bosell es catalán antes que español. Sin dejar de conocer lo bueno de otras poblaciones, coloca á Barcelona sobre todas las cosas... y cuando habla de Barcelona no acaba nunca Ponderando las excelencias de su tierra es tan exagerado, tan hiperbólico que parece un andaluz vuelto del revés; ó mejor dicho, es un catalán andaliíx ya que hemos convenido en que los andaluces son exagerados. Para concluir: el que quiera vivir en paz con Eosell, que no le. hable mal de Barcelona. CÓECHOLIS.