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r i ir S i LOS ACTORES ESPAÑOLES t I ÍílS ¿l É i: í íí RAMON ROSELL Ocurre con este actor una cosa singularísima. Á juzgar por claras y ostensibles manifestaciones del público, dentro del teatro, sobre la escena, produce constante y agradable efeci o en la casi totalidad de los papeles que interpreta. Fuera del teatro, es el actor más discutido. Y discutido con verdadero apasionamiento. Mientras unos le conceden todas las brillantes cualidades propias del actor notable, otros le niegan hasta la cualidad de actor. De estas encontradas opiniones nace una grandísima dificultad para hacer un estudio imparcial y completo de este actor originalisimo. La viveza de las diputas á que da origen su especial manera de, ser, prueba desde luego una. cosa: que no es una medianía Las medianías no se discuten con calor ni de ninguna manera. Todo el mundo es tolerante con ellas. Parece como que la tolerancia fué inventada para las medianías. Rossell no sólo no es una medianía, sino que en mi opinión, es tan discutido por tener demasiado relieve. Sus antecedentes le perjudican. Procede de los Bufón; y esto, para los timoratos del arte, es falta irreparable y pecado mortal que debe cerrar para siem pre las puertas del templo de Talía. Diré, como de pasada y porque sirve a mi propósito, que el género bufo, entendiéndolo como caricatura del arte y cri- tira gruesa de ciertas instituciones y de ciertos vicios, no solo no es perjudicial, sino que tiene una interesante misión que cumplir; misión algo más provechosa que la de cierto género, hoy; en boga, que tiene todos los defectos (y algunos más) del que explotó Arderíus, sin aquella, giacia ni aquella intención satíricas. Eosell hizo sus primeras armas allá por el año de 1869, en el teatro Circo de la Plaza del Fey. bentó plaza de capitán general, debutando con el papel de protagonista en (fenoviiva, de. Brabante. Era ya un hombre hecho y derecho, con más barbas que un capuchino, cuando vivía en Barcelona dedicado al comercio y sin presentir siquiera cuál había de ser su futuro destino. Alguien le habló á Arderíus de un joven catalán que cantaba con mucha gracia, en parodia, trozos de óperas, y como, después de todo, el verdadero género bufo no es más que la parodia de lo sublime, aquel empresario, uno de los pocos que han tenido estilo propio, hizo venir á Madrid al joven en cuestión, y le lanzó á la escena, sin más pnámbulos, nada menos que con el papel de Diiq- iie en la citada obra. A una curiosa a, uomalia debió Eossell el éxito brillante alcanzando en su debut, y por el cual fué dés de aquel momento el actor predilecto y mimado de aquella compañía Momentos antes de comenzar ia representación, tenia un miedo cerval. Colocado en la caja de bastidores por donde había de salir, temblaba como un azogado. Aumentó su miedo considerablemente el segundo apunte, que sé le aceicó y le dijo: ¡Prevenid! Ajeno por completo al teatro, no conocía el verdadero sentido de a uella palabra (que se dice á todos los actores cuando van á salir) y entendió que el segundo apunte participaba de sus temores y le advertía del peligro que iba á correr. fiu la conedía El Seílor Gahent xHor,