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mHS 5 HRITHS Todo pasa, todo degenera Las costumbres tradicionales de los pueblos se borran ó se modifican Así empiezan sinnúmero de artículos que parecen sermones de Cuaresma. Artículos tristes, pero de primera necesidad por lo trascendentales. Es necesario guiar á la gente, entristecerla, que hartas alegrías tenemos en casa, entre las que nos proporcionan la escasez de dinero y las buenas y paternales administraciones que disfrutamos. Los pueblos han de ser serios, como los individuos sueltos, y no frivolos y superficiales. Hay un juego de prendas de esos que divierten á las familias de la edad media ó sea burguesas, como decimos ahora, de poco pelo; juego que consiste en no reir, y el que ríe paga prenda Lo mismo sucede con las naciones y con los hombres importantes: que los que sonríen siquiera, pagan prendaY los tristes también. V. j Pero no divaguemos. Los divertimientos populares, que fueron un tiempo, ya no nos divierten. El Carnaval agoniza. Por temor al exceso de alegría, sin duda, han prohibido las autoridades, según se dice, las caretas y los disfraces en algunas provincias de España. La prudencia adivina tal vez un anarquista en cada ensabanado de los que se echan á la calle en esos días, y un nihilista en cada clown ó en cada moro transeúnte. -Es preciso hacer costumbres- -decía un personaje político; -este país necesita que se le moralice, que se le eduque. Pero no añadía: -Que se le alimente. Millares de españoles, disfrazados de pobres, verían la supresión del Carnaval con indiferencia. Solamente una clase socialj- -como la calificaba un escritor serio, en un diario aun más serio, casi lúgubre, -la infancia, protestaría contra la prohibición de los disfraces en Carnaval. Y tampoco todos los miembros de esa clase protestarían. Los más pequeños, si pudieran optar, optarían porque los dejaran en paz y no los vistieran de máscara. ¡Pobres nenes! Varios padres hacen de éste un asunto de amor propio, y rivalizan entre sí en aderezar á los infelices que no han cometido otro delito que el de haber nacido. ISTiños de ocho años en adelante, se divierten y gozan viéndose convertidos en Pericos primeros de Castilla, 6 en Tenorios, ó en Federicos segundos, ó en termidorianos, ó en LoTiengrines, Y en merveilleusses, ó en chulitas, ó en Ofelias, las niñas. No se quitarían los disfraces en todo el año. La vanidad infantil crece halagada por los piropos de las personas mayores. Los más. granaditos se identifican con los personajes que representan ó con los trajes de los personajes á quienes imitan. Esto pasa también á varias personas hechas y desarrolladas. ¡Cuántas veces se hfl brán lanzado á la vía pública sujetos disfrazados de ladrones de caminos, que se sentirían capaces de quitar el reloj y la cabeza á cualquier transeúnte! En un pueblo de la provincia de Madrid vi hace algunos años á un individuo disfrazado de perro mastín, con tanta verosimilitud, que tuvo que matarle á tiros la Guardia civil del puesto, creyendo que estaba hidrófobo;