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146 BLANCO Y NEGRO -Vamos, Sr. Buonarroti, calma, lío se trata de someter una ciudad rebelde, sino de conquistar la voluntad de un amigo, y confío en que la Capilla será pintada al fresco por el gran artista que supo ablandar el mármol para representar La Piedad. La fisonomía rígida y poco simpática de Miguel Ángel se iluminó momentáneamente por una leve sonrisa de satisfacción. Aquel elogio pudo más en su ánimo que todas las amenazas. En poquísimo tiempo aprendió á pintar al fresco, realizando las maravillas prodigiosas que nunca pudieron ser vistas sin admiración y asombro, burlando asi los pérfidos deseos de Bramante y del mismo Rafael, quien, según algunos biógrafos, no fué extraño á aquel ardid, que sirvió únicamente para aumentar el prestigio y la fama de su incomparable rival. No sólo en hechos de esta índole se manifestaba la rivalidad que existia entre aquellos insignes artistas: también en algunas ocasiones procuraban zaherirse con frases punzantes y epigramáticas. Rafael iba á todas partes acompañado por una corte de artistas y admiradores. Miguel Ángel, por el contrario, iba siempre solo, aunque, según la frase de Vasari, cuando estaba solo, era cuando menos solo estaba -Parece un preboste rodeado de sus esbirros- -dijo en cierta ocasión Miguel Ángel señalando á Rafael. Llegó la frase á oídos de éste, que con su habitual invariable dulzura, exclamó sonriendo: -Él, en cambio, va siempre solo como el verdugo. Aunque Miguel Ángel tenía un alma buena y honrada, y un corazón noble y generoso, su carácter taciturno, su misantropía constante, su altivez indomable y aun su fealdad extremada, le hacían antipático y repulsivo. El retrato que va en este número, reproducción fotográfica de un magnífico grabado que se conserva en la Biblioteca Nacional, y es obra del célebre Jorge Ghisi Mantuano) contemporáneo de Miguel Ángel, y el que mejor reprodujo sus obras, da perfecta idea de aquella figura, que el citado Vasari, su amigo y uno de sus mejores biógrafos, describe con estas frases: Miguel Ángel tenia la cabeza redonda, la frente cuadrada y espaciosa, las sienes muy pronunciadas, aplastada la nariz por la puñada de- Torriggiano, ojos más bien pequeños que grandes, cejas poco pobladas, labios delgados, y algo saliente el interior, los cabellos negros y la barba del mismo color, poco espesa y dividida en dos mechones hacia el centro. Benvenuto Cellini, en sus Memorias, refiriéndose al aplastamiento de la nariz de Miguel Ángel, dice lo siguiente: Un día, Torriggiano habló de Buonarroti á propósito de un dibujo que yo había hecho copiando un cartón de aquel hombre divino. -Buonarroti y yo, nos dijo, íbamos, siendo niños, á estudiar en la Capilla de Masaccio, en la iglesia del Monte Carmelo. El tenía la costumbre de burlarse de cuantos dibujaban. Una vez, entre otras, que porfiaba conmigo tercamente, púsome fuera de mí hasta el extremo de darle en la cara un puñetazo tan violento, que sentí romperse al golpe los cartílagos de su nariz como si hubiesen sido una oblea. Estoy seguro de que llevará la señal toda la vida. -Estas palabras, agrega Cellini, excitaron gran odio en mí, que admiraba todos los días las obras del divino Miguel Ángel, y no sólo desistí de ir con Torriggiano á Inglaterra, sino que procuré no volver jamás á verle. Entre las obras más celebradas de Miguel Ángel, aparte de las ya citadas, figuran en primer término ú Juicio final, como pintura, y como escultura, el Moisés. Aquel cuadro famosísimo, que dio ocasión á la conocida anécdota de Messer Biagio, puesto entre los condenados por el artista, ha sido unánimemente elogiado como obra de arte, aunque no ha faltado quien censure en él exageradas desnudeces, y algo del sabor pagano general en los artistas de su época. Como acontece con frecuencia, uno de los más escandalizados ante aquellas desnudeces artísticas fué uno de los más depravados é inmorales de su época: el Tretino. La estatua de Moisés sólo ha sido objeto de entusiastas alabanzas y de inspiradas poesías, entre las que recordamos un hermoso soneto de Zappi, conservado por (Jondivi en su Vida de Miguel Ángel, y cuyo último terceto, dirigiéndose al pueblo judío, dice asi: E voi, sue turbe, un rio vitello alzaste! Alzato avete imago a questo equale, Ch era men fallo l adorar costui. Estos versos nos recuerdan nuevamente que Miguel Ángel cultivaba, con notabilísimo éxito, la poesía (1) Strozzi, un poeta contemporáneo suyo, contemplando su estatua de La Noche, que el artista representó dormida, improvisó este notable cuarteto: La notte che tu vedi in si doloi atti Dormiré, fú da un Angelo scolpita In qaesto sasso; e perché dorme, ha vita. Destala se no l credi, e parleratti. Miguel Ángel se apresuró á contestar con estos sentidos versos: (Grato mi e il somno, e piíi l esser di sasau, Mente che il damno e la vergogna dura; Non veder, non sentir m é gran ventura; Pero non mi destar; deh! parla basso! La necesidad de mirar constantemente hacia arriba todo el largo tiempo que tardó en pintar la Capilla Sixtina, prodújole una terrible incomodidad y le dio asunto para el soneto LVII de su colección. Durante mucho tiempo no podía leer si no colocaba el libro más arriba de su cabeza. Lannau- Rolland escribió una curiosa obra titulada Miguel Ángel poeta, en que se conservan versos inspiradísimos. Miguel Ángel murió en Roma el día 17 de Febrero de 156i. TELLO TÉLLEZ, (1) La colección completa de sus versos fué publicada por primera vez en Tlorencia en 1623.