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BLANCO Y NEGEO La jayentud desenfrenada queá ellos acude, lleva en su semblante demacrado y enfermizo el cansancio que provoca la complacencia de las pasiones y el hastio que produce la constante embriaguez del constante deseo, y busca entre harapos descoloridos y dóminos perfumados alivio á dolores que no se explica, pero que siente cada vez más intensos. ¡Inútil empeño! La nostalgia que le produce la ausencia de la reparadora tranquilidad quiere ahogarla con el vino, y el amor, y la música, y la caldeada temperatura del salón, y la nostalgia se impone, y quien la padece se desespera y se siente atacado de la enfermedad más temible de todas: el aburrimiento Trata de buscar nuevas emociones, y la repetición de las ya experimentadas le exaspera y aumenta el indiferentismo que le abruma Quiere olvidarse del mundo, y en el álgido momento de la resplandeciente orgia se hace filósofo y se subleva ante el papel ridículo que por gusto en aquellos momentos está representando. Los bastoneros cabecean cuando algún lance de honor no les reclama; los pobres músicos languidecen y siguen arrancando compases á sus instrumentos desafinados; el ruido se hace ensordecedor; los ojos de las muchachas se adornan con circuios morados, y se tifien los rostros con la blancura que produce el cansancio y la fatiga, semejando copos de nieve esmaltados de lirios; los primeros rayos del sol hacen palidecer las luces del salón, y la muerte en ellas de una mariposa blanca que penetró anunciando á la aurora, pone término al baile. La ilusión se desvanece entonces, la realidad comienza, el raciocinio se impone hasta que al año siguiente, por las esquinas de todas las calles, y las hojas de zinc de todas las anunciadoras, y los rótulos formados por lucecillas de gas, se anuncian de nuevo los bailes. Y vuelta á empezar. CARLOS OSSORIO Y G A L L A R D O