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TJIÍi AYEIÍTTJM M CAMAYAL ó LA CAZA DKL OSO Ai mm- M wr m BAILES DE MÁSCARAS Por las esquinas de todas las calles de la capital, por las hojas de zinc de todas las anunciadoras, por los rótulos formados con lucecillas de gas que adornan á algunas de las calles principales de Madrid, aparecen los llamamientos que anualmente hacen la locura y sus explotadores al elemento alegre, que transforma á la población que un día fué corte de las Españas, en un barrio latino de ínfimo orden. Cada año que pasa se entona un responso al Carnaval, y cada año que transcurre aumenta el contingente de trapos deslucidos, de sedas marchitas, de lazos mustios que, en confusión deslumbradora, revolotean en los salones de bailes de máscaras. Tentadores, incitantes, risueños, con la sonrisa lúgubre del tísico que adivina en un ramo de violetas un mes más de vida, los bailes se suceden ofreciendo grato solaz á la gente bullanguera del uno y el otro sexo. Sería curioso formar el proceso, reconstituir la historia que lleva cada capuchón en cada uno de sus pliegues. ¡Cuántos encajes que salieron de las puntilleras de Almagro para adornar vestidos de novias echarán de menos la prístina pureza de sus primeras dueñas! ¡Cuántas cintas flotarán por el ambiente embriagador del baile, como procurando volar lejos de él y refugiarse en el cesto de la pobre lugareña que con ellas se adornaba para asistir á la inocente romería! ¡Cuántos disfraces no estarán hechos con los recortes del tul que se frunció al cuerpo de alguna muerta! Los bailes que se celebran en la época carnavalesca tienen un sello caraoterístico, especial, que no es fácil determinar sino estudiándolos prácticamente. Mf mm r Hitfa