Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
VOM M rK CIOV l8 í) 2 líw- rí Núm. 43 EFEMÉRIDES Julio Olaretie, el espiritual y elegantísimo escritor, que actualmente dirige la Comedia F r a n c e s a esoribík hace veintitrés años las siguientes líneas, o c u p á n dose del fallecimiento de Lamartine, en una de sus primoró sas caúseries literarjas: Hace ya mucho tiempo tengo el deseo constante- -no sé yo mismo por qué antes no lo he r e a l i z a d o de comenzar un artículo de critica Hte raria, con esta fr. Tse: Acabo de descu brii; un gran poeta: Mr. de La i! a. rtine. T ¡Descubrir! Es a. es la palabra porqut Lamartine para 1 ¡i generación presente es un poeta descono, cido ú olvidado. A este g r a n h o m b r e caído, á quien habían tratado como á Belisario, se le regateaban óbolos y laureles. Se pasaba, desdeñosa ó indiferente ante tan insigne gloria, y Lamartine ex halaba t- u último suspiro, pobre y obscuramente, en un de la Borgoña, lejos de la ingratifuJ las muchedumbres, rendido el cuerpo por el trabajo, abromada el alrha por la. tristeza y desgarrado el cdrazón por los des a ñ o s 28 de Febrero 1869. -Murió en Saint- Point el gran poeta francés Alfonso de Lamartine. lis un fenómeno singular que se obser va con deplorable frecuencia en la vida de los grandes pdetás. Por ello, sin duda, alguien los ha comparado con el sol. Su aparición es saludada con universal y extremado regocijo. Se admiraa laa hermosas y rosadas tintas coa qué; todo lo báfía: se le. inira, con asombro ff; effl e á frente, porqtie todayía su luz sn ve íüo molesta nuestros. ojos, y se entonan en loor suyo cánticos de admiración y de alegría. A niedida que avanza en su carrera, elevándose majestuosamente en el espacio sus rayf s cada vez más fuertes y brillantes, hieren ya la retma, duele el cuello por de costumbre de tener la cabeza levanta la para contemplarlo allá en la- altura, y se empiez apartando la vista de él para qoncluír volviéndole las espaldas. Si alguno continiía mirándolo, es para descubrir que tieñé manchas. Cuando, al cabo, llega su natural descenso, -sólo algún alma apasionada y melancólica le, contempla hasta que sé íiunde triste y silenciosamente en el Ocaso. No- fué sólo, sin embargo, la fatalidad de este repetMísitoo fenómetiO la c tusa de que el gran poeta que fué aclamado con admiración general al aparecer en 18 20 sus primeras Meriitaoiones, muriera al medio siglo, olvidado y desconocido, después de haber encantado al mundo o. n sus sublimes 4 M) ¿a y sus melancólicos Reiiogimientos, con su dulce Gráziella y su apasionado Jucelyn, con su Viaje á Oriente y sus Girondinos, coa sua