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TEATRO DE LA PRINCESA THERMIDGR (REVISTA CÓMICA) ACTO I Paisaje á orillas del Sena. TJn lavadero á la derecha del espectador. París está JiecTjo un infierno. A l g u n o s eiu 4 ftáanos, s i n erntargo, t i e n e n liuinor p a r a pescar t r a n q t i i l a m e n t e con caña? aunque uno de ellos, cómico sin contrata y apellidado Lafcussiére (Sr. Vico) es nada menos que empleado de confianza en el Comité de Salud Pública, donde todo el mundo sabe que en los días del Thermidor que precedieron á la caída de Kobespierre no habla momento de repqap. Pero Labussiére va á pescar con cierto intríngulis, y por. lo visto tiene tiempo para todo, hasta para hablar mar dé la Revolución y (iel Comité á cada momento. Aparece un amigóte de Labussiére, que se llama Marcial, y le cuadra perfectamente el nombre, porque es comandante de artillería. A s o l a s amlJOS amigos Marcial dice que vuelve de la guerra; ue ha estado en prisiones; qnc antes de partir se habla encontrado en el suelo á una jovenoita (Sra. Tubau) desmayada, sin familia, oriunda de la Vendée y de nombre Fabiana; que como él teñía que marcharse, la depositó en casa de una prima; pero al volver se encuentra con que la prima ha muerto, y él busca á Fabiana inútilmente por todo París. El genio protector de los amantes le ha hecho saber que Fabiana suele concurrir á aquel lavadero, y él viene decidido á esperarla para casarse con ella, puesto que asi estaba tratadov Labussiére le dice que las lavanderas no van hasta las seis en punto; que aquel lavadero es algo así como el pulso de la capital, y que cuándo hay una lavandera sospechosa, las- demás lá arrojan al río. Marcial se inquieta. A las seis llegan todas las lavanderas con pasmosa puntualidad, y dicho y hecho; á los pocos momentos se arma un gran alboroto porque tratan de arrojar al río una sospechosa. É s t a lltiye, M a r c i a l l a r e c o n o c e ¡Ah! ¡0 ¡Klla! ¡Tu! Los dos amigos defienden á Fabiana, y Labussiére sobre todo, para calmar á las lavanderas, que están furiosísimas porque la pobre niña lleva una crucecita colgada al cuello, no encuentra mejor medio que llamarlas lavanderas de ropa sucia Ellas, que, como es de suponer, no lavaban sino ropa muy linípia, se irritan más y piden socorro á unos sicarios del Terror que se hallan preparados; entre bastidores; Fabiana está perdida; pero Labussiére exhibe su tarjetita tricolor, que le acredita como empleado del Comité, y boca abajo todo el mundo. La tempestad se calma, y Fabiana, Marcial y Labussiére se alejan, despedidos por las lavanderas con estas palabras: ¡Salud, fraternidad ¡Y guillotinal- -añade Labussiére en un momento de inspiración. ACTO 11 E s t a m o s e n c a s a de u n c i u d a d a n o d e s c a m i s a d o amigo de Labussiére, c a s a d o c o n u n a s a s t r a de t e a t r o El hombre se ha hecho terrorista por miedo, y hace su papel á las mil maravillas. Algo así como el sacristán de Xa Ma nellesa. Marchase al club, y queda sola la sastra, que tiene muy buenos sentimientos, y por eso Labussiére se presenta allí con los amantes, pidiéndole un refugio para Fabiana. La sastra consiente en todo; les da á los tres leche fria y pan, y los deja solos para que Labussiére les cuente por qué va todos los días á la orilla del Sena. El motivo no puede ser más loable. Eepugnándole á su conciencia el ver marchar al cadalso tantos infelices, y estando él encargado de clasificar las piezas de los procesos, encerraba de día bajo llave las que deseaba destruir; volvía de noche y á obscuras á la