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122 BLANCO Y NEGRO. prados es inútil ir; hay sobre la tierra media rara de nieve, j nos enterraríamos antes de encontrar una semilla- ¡No no! Además, hemos risto en ellos de centinela unos gigantones con unos brazos tremendos, que si nos arriman una bofetada- ¡Bah! Sois todavía muy jóvenes para enteraros de que esos señorones son de palo por dentro. Ya lo aprenderéis este verano en la escuela de la pobeda La razón principal es la que os dije antes: que trabajaríamos en balde. -Corriente ¿Dónde nos encaminamos, pues? -A los corrales; resulta algo expuesto, pero para eso nos ha dado Dios alas E n los corrales viven las gallinas, y donde existen gallinas se encuentra, de fijo, qué comer ¿Qué os parece la idea? ¡Magnífica! ¡Deliciosa! ¡Ya me figuraba yo que la acogeríais con entusiasmo! ¡Ea! ¡Pues no perdamos tiempo! -En marcha. III- ¡Cómo sopla el zarzagán de la sierra! ¡Se siente más frío desde que ha cesado de nevar! -Después que almorcemos, hemos de ver si atrapamos á las muchachas algún trapo del costurero Yo me arriesgo á todo con tal de proporcionarme una bufanda ¡Un gorriónnunca conoció el miedo! No seas temerario ¡Te expones á perder la vida! ¿Se cansa alguno? -Noj no Vamos bien- ¡Ya estamos cerca! Pero, ¿qué es eso que hay tendido en la senda? -Es un chico ¡Toma! El hijo del peatón del correo Su padre se halla en la cama muy malo, y él iría al tren por las cartas. -Pero ¿está muerto? ¡Pobre rapaz! Habrá salido del pueblo al amanecer, y no ha podido resistirlo glacial del viento- -No, no ¡No está helado! Respira Es preciso frotarle con nieve ¡Pidamos socorro! ¡Si pudiéramos llevarle á casa! -No cabría en ella ¿Dónde tienes los ojos? No queda otro recurso que piar auxilio- ¡Ah! Parece que se acerca alguien- -Sí Viene gente Es un hombre- ¡Se ha salvado! Pero ¡Esperad! ¡Huyamos huyamos! ¡Trae escopeta! ¡Es un cazador! ¡Prruurrúm! ¡Ay! ¡Ay! ¡Por piedad! ¡Pavor! lY- ¡Quién había de decirme que me iba á quedar por único dueño de este tiesto! Lo veo y no lo creo ¡Me parece una pesadilla! Tan á gusto como nos encontrábamos aquí todos Por mucho que viva, no se me olvidará nunca aquella mañana de invierno y aquella descarga á boca de jarro ¡Qué ingratos son los hombres! Probablemente el chico del correo habrá retorcido el pescuezo á más de uno de nosotros, y por é l por salvarle, nos ha acontecido á la banda semejante desdicha; porque si no bajamos á socorrerle, no nos sorprende el cazador en pelotón ¡Picaro! ¿No vio que estábamos auxiliando al muchacho? ¡Qué triste va á llegar para mí la primavera! ¡Señero como un anacoreta! ¡No, yo no puedo vivir sin compañía! ¡Ah, qué idea! ¿Para qué quiero yo una maceta tan grande? Pero ¿dónde lo escribiré? ¡Ya caigo! El despacho del amo de esta quinta se halla abierto y abandonado todas las mañanas mientras se ventila E s cuestión de dos minutos Me cuelo, robo un papel, y allí mismo endilgo el anuncio -La suerte me ha favorecido ¡Ea! Coloquemos el cartelitode manera que se vea bien. ¡Magnífico! iXJu pájaro solo cede un gabinete con alcoba üara una ó dos flores. En este tiesto darán razón. ALFONSO P É E E Z NIEVA.