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BLANCO Y NEGRO 1 9 mos con los instrumentos naturales. Los tales instrumentos son, en efecto, de nso absolutamente personal lo cual creo que no pueda ponerse en duda. Otrosí, digo que siento tener que separarme de la opinión de Aldhara en punto á los espárragos. A mi me parece que ha de ser más fácil mancharse la pechera tomándolos á tenedor, útil que creo que no hace falta usar, porque los espárragos, ni han de ensuciar los dedos, ni aun la servilleta con que después nos los enjuguemos. En cnanto á lo de quemarse, que también alega dicho señor, es una razón más en apoyo de lo que defiendo. Porque si al echar los dedos los espárragos queman, los dejamos, y en paz. Pero si después de cogidos con tenedor ó á tenacilla, como Aldhara propone, los elevamos á la boca sin saber si queman ó no, y resulta que efectivamente queman, ó se abrasa uno la boca ó los echa de ella. ¡Uf! Creo también, como el Dr. Thebussem, que nunca debe elevarse á la boca el cuchillo, y el tetnor de la eterna zurderia que se le ocurre á Aldhara no lo tengo por muy fundado. La mano izquierda es tan hábil como la derecha, sólo que los hombres solemos empeñarnos en que no lo sea. En cuanto la confiamos cualquiera cosa, acude solicita á probarnos su destreza. La mano izquierda rige y gobierna el caballo, asi en el combate como en el paseo, y corre y salta veloz por los mástiles de los instrumentos de cuerda y por las octavas bajas del piano. E n el juego de pelota clásico, en el juego á mano, el pelotari que no maneja la izquierda tan bien ó aun mejor que la derecha, es un traushi, no vale para nada. ¿Y la mano izquierda deLmatador de toros? A la mano izquierda corresponde de derecho el tener el cigarrillo de papel, el uso y aun el abuso del cual es donaire exclusivo de la raza española. ¿Por qué, pues, no hemos de confiar el manejo del tenedor á la mano izquierda si así conviene? Estoy muy conforme también con el Doctor en que los ingleses finos son modelos de buen comer. He visto á damas inglesas limpiar, sin auxilio de tenedor ni cuchillo, los huesos de perdiz por modo admirablemente pulcro y silencioso, sin abrillantarse los labios ni los dedos, ni tanto siquiera como lo que aljofara un rocío de Mayo los cálices de las rosas, y sin enseñar los dientes más de lo que permite una razonable coquetería. Ya de antiguo eran los ingleses hábiles en la mesa. Asi lo vemos en una Oíd Courteous he was, lowly and serviceable And cíírt eí? before his fathér at the table. Y en los tiempos modernos, ahí tenemos la guapeza y limpieza con que engulleron á Gibraltar, hueso que los españoles no podemos roer. ÓSCAR Bilbao y Febrero de 1892. ROCHELT. LA M U J E R SE I M P O N E (POR CILLA. CON EL FLORETE. CON LA LENGUA. CON EL REÍDN,