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DISCONFORMES Vistos los escritos del Dr. Thebussem y de Aldhara; Considerando que ninguno de dichos señores ha tenido ánimo de predicar, sentenciar ni discutir; Considerando que la calle es de todos; Sin ánimo de discutir, sentenciar ni predicar, y como mejor proceda, Comparezco en el pleito de las aceitunas á echar mi cuarto á dedos. A dedos, sí: que á espadas, cuchillos ó tenedores no pondría un ochavo. Soy de opinión de que lo sencillo y lo natural es lo más elegante, siempre, por supuesto, que, procediendo natural y sencillamente, no dejemos á los demás descontentos de nosotros. Enmendar la plana á l.i Naturaleza es muy grave, j puesto que tan sabia madre nos dio unas manos admirables, sirvámonos de las manos siempre que podamos hacerlo sin escándalo ni porquería. Usar con acierto cuchillo, tenedor y cuchara, no es enmendar á la Naturaleza: es ayudarla. Con dificultad se podrá comer una chuleta mejor ni más pronto que con un tenedor y un cuchillo bien afilado; pero interponer un tenedor entre los dedos y las olivas enteras que se sirven como entremés, te ngolo por inconveniencia; porque no teniendo el fruto ni su adobo nada que empuerque los dedos, el tenedor, de instrumento, se convierte en embeleco. Si la aceituna es de pulpa dura, corremos el riesgo de que salga disparada y vaya á parar adonde nos pese haberla echado; y si es de blanda, se expone uno á alancearla un buen rato, y al fin tener que tomarla con los dedos, 6 dejarla: lección y derrota lo primero, y vergüenza lo segundo. Además, creo que quien deja de servirse á tiempo de los dedos, semiconfiesa que no los tiene muy limpios. La dama de quien habla Aldhara tendrá, sin duda, los dedos limpios y hasta pulquérrimos, jazón de más para: servirsfr de ellos; y si los tiene perfumados, otra razón de más para que sin andarse en remilgos tome las aceitunas con los dedos y dé gracias á la señora de la casa por la coyuntura que le ofrece para comer con los dedos aliñados á la aceituna, en vez de á la crema, brisa ó céfiro, á que en mal hora se le ocurrió aliñárselos en el tocador antes de sentarse á la mesa. ¡Harto trabajo es ganar el pan con el sudor de la frente, sin añadir el de comerlo impregnado con vinagrillos de toilette. Otra cosa. ¿Ya está seguro Aldhara de que la costumbre de ofrecer aceitunas en la punta del tenedor no se haya desterrado, no por no tomarlas el que las acepta con los dedos, sino por no tomarlas el que las ofrece con el tenedor? Aldhara condena, y con razón, que del azafate (córheille) ó platillo donde se hallen las aceitunas, las tome-