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fC S? ífV V í. Ít a- -TSif CANTOS MADRILESOS LA MISA DEL ALBA Al rayar la aurora, cuando viene el alba, Tocan las iglesias á misa temprana. La hilera confusa de negras beatas, Con pie no sentido al templo se lanza. Y va detrás de ella la suelta bandada De horteras y dueños, cocheros y fámulas. Dejando el puchero metido en las ascuas, Cogen el rosario la Bruna, la Casta, La lnesa, la Enfa, la Pepa, la Juana; Tildas en los velos: rebujan la cara, Y el paso ligero redoblan con. gracia; Y mientras se acercan del templo á las gradas Hacen en la torre tin, tan ¡las campanas. La cesta en el suelo, mueve la criada Los TM ¿síi w labios á tiempo que alzan, Y pide que aumenten las sisas diarias. La oculta libreta que tiene en la Caja. Los cuatro murguistas con tos y con asma. Que ante tienda nueva tocaron sin tasa, Escuchan la misa, teniendo á sus plantas 1 trombón, el figle, el bombo y la flauta. Cada cual implora lo que le hace falta; No hay Uno de balde que rece palabra, Y para que acuda la gente á bandadas, Hacen en la torre ¡tin, tnn! las campanas. Los largos silencios y solemnes pausas Que cortan, á trechos, la misa rezada, Son fondo en que vibran las voces lanzadas Fuera del recinto por bocas humanas. Los primeros coches con estiruehdo pasan, Y á su son los vidrios retiemblan y, bailan; Se oyen del sereno, al venir el alba, Los pasos distantes que indican su marcha. Las mangas de riego comienzan sus salvas De perlas vibrantes que ruedan y saltan, Y llega al oído su música grata De fuerte aguacero, nutrida y compacta. En los mechinales murmuran y charlan Los pájaros libres, en viva algazara, Y cuando se espulgan, se sacan del ala La mágica lira y el breve pentagrama. Lento silabeó los labios exhalan Que isócrono el péndulo repite en la caja, Y susurra el cura no sé qué plegaria Impalpable, pura sentida y alada. Del mercado zuruba la alegre maraña De gente que compra y gente qüé hábla, Y traspasa el muro una voz que canta (i Mirad qué repollo, más tierno que el agua! En tanto, en la cima, donde el templo planta Su cruz, que los brazos extiende á las almas, Sacudiendo alegres sus lenguas metálicas, Hacen en la torre ííi íffl las campanas. SALVADOR EUBDA, Ya cerca del atrio detienen la marcha, Oyen á lo lejos tocar á diana, Y en vez de meterse en la iglesia santa Van á los cuarteles del novio á la caza. Ante los altares, la leve plegarla Murmuran, sin voces, rendidas las almas, Y algún viejo reza su oración callada Con lento rumeo de silabas largas. El Cristo impasible de faz demacrada Y perfil judio que nublan las ansias, Fija las pupilas vidriosas y opacas, Y hace más medrosa la iglesia fantástica. Las luces, de negras cadenas colgadas, En reposo eterno perennes irradian; Y mientras parece la iglesia encantada, Hacen en la torre i m tan! campanas. Con golpes de pecho pidiendo á Dios gracia. Oye el usurero la misa empezada, Y en tanto que ruega, se pierde en las cabalas De lo que valdría la iglesia arrendada. Entre la penumbra, sus fuerzas repara. Durmiendo en las losas desnudas y blancas, E l que anduvo errante con vagos fantasmas orriendo en la noche por calles y plazas. A su ado reza la que es hábil ama Y gobierno y régimen de la ilustre Y apenas, alzándose, escucha Duo gracias. Vuelve á uncir al yugo su vida mecánica.