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ilCOIxORII No extrañen ustedes que también metamos nuestio cuarto á espadas en este asunto. Si BLAKCO Y ÍÍEGEO ha de ser reflejo fiel de la suciedad en que vive, tiene que decir algo de este bullebulle que ahora traemos con motivo de las próximas fiestas en honor del descubridor del Nuevo Mundo. Conforme se aproxima el Centenario, se nota asi una especie de j- unrún, á causa de que toda la generación presente no habla de otra cosa: de Colón. Tanto, que cualquiera diría al ver á todas las gentes hablar de lo mismo, que, asi como D. Cristóbal descubrió hace cuatro siglos las Indias, nosotros le acabamos de descubrir á él. No coge usted un periódico donde no pueda leer la misma noticia: En la Sociedad de Sarheros del reino, establecida en la calle de tal, número tantos, quinto piso ¡hay entresuelo! se dará mañana martes, á las nueve de lanoche, una interesante conferencia sohre el tema Colón. Hay anuncios que dicen una conferencia xohre Colón Otros dicen que será Colón Y algunos, casi todos, sin avisar, dan la conferencia contra Colón. Porque resulta eso. Como si Colón fuera uno de esos apreciables provincianos que llegan en tiempo de ferias á Madrid por la estación del Mediodía, ó la del Norte, y á los cuales detienen los de consumos y les registran el baúl por si traen algo de pago Los historiógrafos, ó historiófilos, ó historiófobos, se han metido en casa de Colón y le revuelven cómodas, arcas, maletas y armarios; le sacan las ropas, los papeles, las cartas amorosas, y los retratos y rizos de pelo, hasta el punto de que le entran á uno ganas de preguntarles: Pero, señores, I qué buscan ustedes? No hay español, de esos que se encuentran preñados de condiciones oratorias, que no tenga preparada una conferencia y lleve apuntadas en un cua derno las notas tomadas con tal objeto: Colón, sus obras, sus es, critos, sus mapas, sus eos- J tumbres sus vicios sus virtudes Otros toman las notas clasificando al ilustre genovés en sus diversos aspectos: Colón geógrafo. Colón pensador, Colón médico, Colón boticario, Colón autor dramático. Colón sacamuelas, Los encargados de esas conferencias no viven, ni sosiegan, ni dejan en paz á los amigos. ¡Vamos! La verdad, ¿qué sabe usted de Colón? -Hombre yo francamente, no sé nada. ¡No le creo á usted! Usted sabe algo y no me lo quiere decir. -Le aseguro á usted -Me han dicho que tiene usted datos. -Absolutamente ninguno. ¿No tiene usted ningún papel viejo en que consten algunas circunstancias. -Ningún papel. ¿No sabe usted si Colón tenía algún lunar en la espalda? -No sé nada. ¿Ni si bizcaba un poco? ¡Nadal- ¿Ni de qué murió? ¡Menos! La falta de datos no es obstáculo para que los ilustres conferenciantes retrocedan; por el contrario, parece que se animan, y á fin de dar carácter de novedad á sus conferencias, dicen unas cosas Hace pocas noches decía uno en una conferencia ofrecida á una sociedad de fotógrafos instantáneos: Qué hombre aquél I ¡Qué Colón 1 ¡Era la misma sobriedad! Ni gastaba un céntimo en tabaco, ni compraba un periódico, ni iba al teatro, ni estaba abonado á los toros y es, señores (jAh, señores! es que perseguia un ideal, que no tenia más que un fin fijo, que soñaba con el otro Mundo y decía, allá en su interior y hablando consigo mismo, decía. Sí; JO sé que haj otro Mundo, no hay quien me lo quite de la cabeza! Y se encerraba de noche en su cuarto, señores, y cogiendo un mapa, decía: Aquí debe estar la Habana, y aquí Matan zas, y aquí Cieufuegos, y aquí Buenos Aires, y aqui Chile ¡Ah, señores, qué hombre aquél! ¡No salen hoy hombres como aquéllos! Otro orador, como si tuviera enemistades con Cristóbal, y le hubiera hecho la guerra en algunas elecciones, ha arremetido con él á trompadas y mojicones, y ha dicho conferenciando en un casino del gremio de fabricantes de ataúdes y hábitos: No sé, apreciables oyentes, cómo hay quien saque la cara por Cristóbal Colón, porque farsantes ha habido en el mundo, pero como él ninguno. Su vida era una pura crápula. No salía del billar, b e b í a aguardiente del Mono con