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98 BLANCO Y NEGRO De su padre había heredado una fortuna que derrochó locamente, y una afición á los manuscritos que había conservado y aun acrecido. Maqninalmente coge un pergamino que halla sobre su mesa, y que acaba de escribir un hábil amanuense. Fresca aun la tinta, éste ha colocado entre las hojas escritas, para evitar que se repinten, otras en blanco, en las que se han reproducido invertidas, pero con extraña perfección, las hermosas letras góticas. Guttenberg pasó la noche sentado en un sillón con el manuscrito en las manos, los ojos fijos en él, y el pensamiento Dios sabe dónde. Algún tiempo después entra en la tienda de Füst un artesano de larga barba y rizosos cabellos que le llegan á la espalda. Entre sus callosas manos oprime una caja de madera, guarnecida de hierro. ¿Quién eres? -le pregunta Füst. -J a Fortuna y la Gloria. Füst palidece, temiendo habérselas con un loco. El obrero saca de la caja algunas hojas en que lucen hermosos caracteres de una regularidad matemática. ¿Has escrito tu eso? -pregiintale Füst, sorprendido y admirado. -Esto no es escrito, es impreso- -responde el obrero sacando de la caja los tipos grabados en madera que para ello le han servido. Los ojos del usurero brillan con un extraño resplandor. ¿Qué quieres por tu secreto? -le dice. -Ta hija. ¿Gretchen? Está bien ¿Cómo te llamas? -Juan Guttenberg. ¡Guttenberg el noble el pariente de Nunca... ¡Vete! Dispónese Guttenberg á marcharse, pero el demonio de la codicia tienta á Füst con tal fuerza, que no puede resistir, y le llama. EL trato queda pronto cerrado. El producto, la riqueza, serán para Füst; para Guttenberg la gloria y Gretchen Gretchen cuando aquél haya terminado el primer libro. Los amantes creen enloquecer de alegría. J ero el primer libro se termina, y Füst halla pretextos para aplazar la boda hasta que se concluya el segundo. Acábase éste, y el usurero, que recoge el oro á manos llenas, aun encuentra medios para lograr un nuevo aplazamiento. Un día, al llegar Guttenberg á la imprenta, sabe que Gretchen, atacada por repentina fiebre perniciosa, le llama sin cesar en su delirio. Füst le permite sentarse á la cabecera del lecho. Allí pasa diez y nueve días de terribles angustias. Al amanecer del vigésimo, Gretchen abre los ojos. La luz inunda el alma de Juan, á la vez que en ella penetra un rayo de esperanza. Gretchen, por señas, le pide que se acerque, j con voz apenas perceptible, murmura á su oído: -Me muero... Júrame que me amarás siempre como yo te amo. La joven hace un esfuerzo supremo, enlaza sus brazos al cueíio de Guttenberg, le da un beso de eterna despedida y muere. AI mes, Füst arroja de su casa á Guttenberg, que abandonando cuanto le pertenece, no quiere luchar más contra la suerte contraria. Muerta Gretchen, ¿para qué quiere ya la fortuna, la gloria ni la vida? Va á llamar á la puerta de un convento de franciscanos. Poco tiempo después, hay en el cementerio del convento una tosca lápida más, en la que sólo han grabado estas palabras: E L HERMANO JUAN Allí reposa, en la paz del eterno sueño, el infortunado inventor del primer libro La leyenda es interesante y poética. ¡Lástima grande que no esté conforme con la realidad vulgar y prosaica! Guttenberg se casó en 1437 con una noble señorita de Strasburgo, llamada Ana de la Puerta de Hierro Anna zu Iseren Thuré) y no por impulsos de su alma enamorada, sino por mandato del juez eclesiástico, en virtud de querella que entabló aquella señorita reclamando el cumplimiento de una promesa matrimonial... olvidada. La sencillísima prensa que inventó y usó Guttenberg fué descubierta en Maguncia en 1858. -Copia fiel de un grabado que la representa, ofrecemos en la preciosa alegoría dibujada por Gros, formando singular contraste con la maravillosa y complicadísima máquina rotativa que hoy se usa en nuestras imprentas. Aquella prensa fué construida por el carpintero Conrado Saschpach, y sus antecedentes no podían ser más humildes. En el poema escrito En honor de la Imprenta por Amoldo Bergellanus, é impreso en 1541, se leen estos dos versos: uRohora per pexH dehinn toronlaria JBacclii, M dixit: Prceli forma sit ista novi Después examinó las prensas de Baco, y dijo: -Esta sea la forma de mi nueva prensa. Afortunadamente para Guttenberg y para la Humanidad, en Maguncia, y en aquellos tiempos, no había sabios de salón de conferencias ni comisiones técnicas ni críticos ilustrados de los que ahora se estilan. ¡De buena sé libró Guttenberg! ¡Cuánto se hubieran reído de él, y qué chistes se hubieran hecho ácosta suya! ¡Llamar invención á un procedimiento tan tosco y tan sencillo, que sólo consistía en la aplicación de unos palitroques con letras grabadas en relieve, y de una prensa tan vulgar, tan conocida y tan primitiva como la que de tiempo inmemorial servía para extraer el zumo de las uvas! una noticia curiosa para terminar estos apuntes. El invento de Guttenberg se difundió rápidamente por las principales naciones de Europa. Las primeras ciudades españolas en que se estableció la imprenta, fueron: Plasencia, Barcelona y Zaragoza, en 1475; Sevilla, en 1476; Salamanca, en 1480; Toledo, en 1486, y Pamplona, en 1496. TELLO TÉLLEZ.