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92 BLANCO Y NEGKO Y por Dios, que lo que á tal le gusta, á cual le saca lágrimas, y no rale ser alegre cuanto decidor, pues no son parte estas prendas á congratular á cada liijo de vecino, nacido con su gusto y con su aquel, sino que al reve s, más fácil es salir con la resultante á cosa de tres leguas, que no darle su por qué y su punto á pareceres de todo linaje. Deslavazado y mal traído de empaque, ya que no donairoso mi tocado á la chamberga, acometo mi empecatada tarea de pintor, y quisiera que de mi parte revibrara el color y culebreara el estilo, puesto que batiéndolo y zarandeándolo he de sacar de el los modos que den el justo movimiento del baile, y lie de dar cima al asunto que me propongo. Ello es, sin más derramar hablares ni deciros, que saco á colación y presento á la protagonista de mi cuadro, que si no se tiene á mal, es la nunca bien palmeteada bailadora de flamenco que se taconea y brinca en El Burrero de Sevilla, á la cual bailadora llaman Concha la Carbonera en la ciudad de la Torre del Oro. Concha es por sí y ante si doctora en coreografía popular; tiene como hasta diez y ocho años, que diz es cuando se abren las rosas en clase de mujer, y pone cumbre y punta á su persona con una viva primavera de cuanto Dios crió, sin contar con la mata de pelo que sirve de tierra á lo dicho, y que cuando la suelta, es una inundación de ondas la que hay en Sevilla. Concha es, ni pizca más, ni pizca menos, lo que se llama una paloma en punto á comérsela, pues sobre su talle, de los de rumbo y precio, donde lo cernido y lo menudamente andado suspenden hasta él delirio, va puesta á los cuatro vientos una cara de lo más característico en el género, con dos ojos que relampaguean homicidios, y una encendida boca sólo comparable así como á canuto de canela. Sobre el sonoro tablado, donde personas de su misma laya tocan las palmas en su honor, Concha hace su salida de sorpresa, y se expone á caantos ojos quieran mirarla, seguido á lo cual, tira á uno y otro hombro las puntas del mantón de Manila, da acto continuo la primera de talón con la segunda de puntera, ondea como banderas los brazos, cierne la pulquérrima persona con temblequeos de cintas y de flecos, y queda en la plenitud y sacerdocio del baile. Enrejadillos de notas y dales que le darás de uña, á prima y acompañantes, llevan toda la fatiga del asunto al mismo punto y centro, donde á la vez caen palmas, jipíos y dolores, y es el punto y hora en que la inspiración hace á Concha lanzar suspiros por lo bajo, y empieza ésta las manipulaciones y requilorios de muñecas, los trazos y contoneos de izquierda á derecha y viceversa, y toda la zambra, tremolina y circunstancias del zapateado, que ella arrastra, lleva, trae, mueve y zarandea con repicadillo de contrafuerte y golpes de puntera, endiosando el rostro y arrojando infundios y donaires de la persona, y esgrimiendo los ojos sobre la concurrencia como dos llameantes espadas. ¡Madrina, madrina! -grita en este punto una voz. ¡Olé lo trabajao, y bendezíos zean ezoz divinoz piez! Yo tengo para uzté en eztuchitoz de criztal la zangre de la uva; y me vazté á dar, en tan y puea, toos los quiquiriquíes der gayo; y er pregón der zereno: y luego me vazté á pazar á la fiera con toaz laz zeñiuraz del cazo, matando á la siya como zi lo fuera; y me vazté á pizá la araña con toos los denguez y perendenguez al auto; y luego vazté á pregona pezcao con loz brazo en jarra; y endipué vazté á echa el pregón de laz florez; y vazté á yamá á Manuel; y vazté á jazé el paleto zorprendío; y to zin perdé una zílaba en el compaz y zin desperdicia ni pestañear en la coza, zegún como mandan laz buenaz reglaz de lo bien zernío y zapateao. ¡Olé- -dice de pronto otro- -las relazionez bien encamináz á la prezona y zuz alredeorez! Trenza ozté me jó el baile que zi juá un roete de menúoz ramalez andalucez; y vazté por el aire lo mezmo que Pedro por zu caza; y ni ziquiá tiene uzté que apontoca loz cachitoz é gloria que yevazté por piez, en el cutiz de la maza terráqueda. ¡Que viva eya! ¡Anden ezos piez! ¡Dejaya que ze zierna! ¡Ay, quién juera zeazo! Y mientras truena este laberinto de exclamaciones, Concha va y viene cumpliendo todas las demandas, ya poniendo unas banderillas á los pliegues del aire, ya llevándose la mano á la mejilla para entonar el pregón del pescado; bien pisando, llena de melindres, la araña; ahora imitando al gallo en sus desplegamientos de alas; tan pronto diciendo que lleva la roza, la mozqueta y las florez de toóos colorez y siempre intercalando al repertorio de habilidades, repiques primorosos, yendo serenamente hacia atrás, corriendo luego hacia adelante, haciendo desgoznes de caderas, y sosteniendo, siempre imperturbable sobre su peinado, un airoso chambergo pedido á un circunstante, que es como el noble y glorioso birrete del doctorado. Las palmas aumentan; las voces se multiplican; los términos y dicharachos se cruzan como los cuchillos en una refriega; el zapateado es más vigoroso y rápido; el baile va á terminar. Ya lo anuncia el tocador con la guitarra; ya llega; las manos se unen; las voces se juntan ¡Ya! SALVADOR R U E D A