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BLANCO Y NEGRO -S o y el autor del drama Doña Juana la Loca; he leído que le iba usted á poner en escena, y vengo El empresario aterrorizado. -Sí, ya recuerdo pero, ¿no se había usted pegado u n tiro? -D e ello traté si, señor; pero al disparar, tembló mi m a n o y la bala atravesó el sombrero de u n vecino que subía; caí desvanecido, y- P u e s me ha partido usted por la mitad! L a obra de usted es una sarta de disparates, y ni yo, ni n i n g u n a empresa de E s p a ñ a seremos capaces de ponerla en escena. -P e r o ¿no ha hecho usted decir en la prensa que mi drama está llamado á producir una revolución? -H o m b r e si no una revolución en el a r t e al menos hubiera producido u n entradón en mi t e a t r o que era lo que yo deseaba; pero viviendo usted, la cosa ya no tendría interés a l g u n o y se convertiría en u n estreno vulgar. A s í p u e s resueltamente, no hago la obra. -D e modo que si quiero hacer mi debut como autor dramático- -N o tiene usted más remedio que suicidarse con toda formalidad. E s la única manera de dar estímulo y amenidad á la función, porque se leerían versos á la memoria de u s t e d se pondrían coronas en su busto... Con q u e anímese u s t e d y le doy mi palabra A l día siguiente hice insertar este suelto en los periódicos de M a d r i d No habiendo resultado cierto el suicidio de D Eicardo P é r e z la E m p r e s a del Español ha desistido de poner en escena el drama de este joven p o e t a el cual d r a m a mientras viva su autor no puede producir revolución de n i n g u n a clase en el arte dramático. A h o r a lector mío, te aconsejo que no duermas del lado del corazón, porque produce sueños y pesadillas confusos y a g i t a d o s como el que acabo de referirte. ¡P o r cierto que su sola narración me ha puesto los pelos de p u n t a ó en p u n t a que de las dos maneras lo sé decir! ToM. is LUCEÑO. PENSAMIENTOS Los Gobiernos deben hacer que las leyes se hagan costumbres é impedir que las costumbres lleguen á ser leyes, porque los vicios, las injusticias y las inmoralidades llegan á ser naturales, y los errores mismos verdades, por la influencia de las costumbres. La envidia y los enemigos que ésta forma ayudan no poco á crear las grandes reputaciones de los hombres; se ocupan de ellos, y el nombre es como la bola de nieve, que á medida que rueda va creciendo. Nuestras desgracias nos parecen siempre mayores que las de los demás, porque son las únicas que sentimos; la prueba de lo poco que somos sensibles á las desgracias ajenas, es que nunca nos sirven de experiencia ni escarmentamos con ellas. IJSS que han llegado á conseguir alguna reputación y gloria á fuerza de constancia, de trabajos y sacrificios, cuando ven á otros conseguir aplausos y gloria fácilmente y sin esfuerzo alguno, como es muy frecuente, les parece un robo que les hacen desús bienes y de su fortuna. EAFABL C B B E E E O S