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BLANCO Y NEGRO 89 Un chulo. -Claro, por si tiene sed. Un aguador. -O por si se le ocurre fumar un petillo. ¿Verdad, Juanin? Juanin. -Non te burles, que cuando el enfeliz se ha matado, él sabrá por qué. ¡Es verdad que lo sé! Porque me veía sin una peseta; porque todas las esperanzas y todas las ilusiones de mi vida las tenia en un drama compuesto por mí y leído y entregado en el teatro Español, por cuya Empresa fué admitido, luego rechazado, más tarde vuelto á aceptar, y pasados unos días enviado á mi casa. Unas veces me dijeron: -Es corto. Otras: -Es largo. -lío tiene tesis. -E s t á pasado. ¡Como si se tratara del arroz- -El año 50 hubiera sido un éxito fenomenal, y un concurrente al saloncillo llegó á decirme: ¿Por qué no le convierte usted en zarzuela, haciendo que Chueca le ponga unos numeritos de música? -Muchas gracias, pero la protagonista es D. Juana la Loca, y no Q pegan los couplets. ¿Qué más da? La convierte usted en Juana la Tow a, á Felipe el Hermoso en D. Félix el Horroroso, y la obra puede usted titularla El hombre y el oso, etc. ó Juanita la Mentecata. Mire usted que se lo aconseja uno á quien le han salido los dientes en el teatro. -Y las muelas en el cerebro- -objeté yo, cuando no me había suicidado. Por esto, y nada más que por esto, acabo de quitarme de en medio. ¡Vamos, gracias á Dios! Ya están aquí el Juzgado y el médico. ¿Qué irán á hacer de mí? Me reconocen, me vuelven boca arriba, me dejan boca abajo, me tocan en todas partes. -Está más muerto que Fernando VII- -dijo el doctor. -Al depósito con él. Y en una camilla, dieron con mi cuerpo en el establecimiento expresado. ¡Qué obscuro está esto. Dios mío! Es claro; los muertos, ¿para qué queremos luz? Los dependientes encargados de mi custodia se retiraron, y yo quedé sólito sobre la tarima, rígido y tieso, como si estuviera almidonado para que me encañonaran. ¡Ya está amaneciendo y, con qué lentitud, Dios mío! lío parece sino que el día tiene miedo de la noche y trata de apoderarse de ella cautelosamente. Pero, ¿qué es lo que está leyendo, en alta voz, ese hombre á la puerta de este fúnebre aposento? Oigamos: Anoche se disparó un tiro en el entrecejo el joven poeta D. Ricardo Sollozos. El arte dramático ha sufrido una pérdida irreparable; la vacante que deja en el mundo de las letras, difícilmente se cubrirá. La Empresa del teatro Español, para honrar la memoria del genio malogrado, ha determinado poner en escena su último drama, llamado á producir una verdadera revolución en el arte. ¡Qué oigo! Pues ¿no decían que no tenia tesis, que era lánguido, que me dedicara á otra profesión, porque no me daba la nena por ahí? Ahora que no necesito de recursos, es cuando van á representar mi obra. ¡Después de la indiferencia con que han presenciado mi desesperación, y de la burla con que me han visto perecer, me llaman genio malogrado! ¡Esta iniquidad es capaz de resucitar á un muerto! -Servidor de usted, señor empresario. ¿No me recuerda usted? -Hombre, sí; tengo como una idea vaga