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86 BLANCO Y NEGKO Xada, querido Doctor, con estey otros alimentos sucede lo de aquél á quien daban sólo un huevo para almorzar, dejándole la facultad de elegir, que se reducía á comerlo ó no comerlo. A. este ultimo recurso apelan muchos prudentes, prefiriéndolo al de servirse el helado sobre la servilleta de postres colocada en el plato preparado paia éstos, como yo vi hacer á cierto Marqués, y á otro titulo de Castilla vi muchas. veces inclinar su corpulencia para dominar la copita del sorbete, y abriendo la boca engullir de una vez la pirámide helada. Estoy conforme en que se conoce la educación, mejor que en ninguna parte, en la mesa. Ya hablaremos de esto en otro artículo, Pero no creo que sólo el níanejo del tenedor y el cuchillo acredite á las personas. Las hay que ni aun comiendo solas pondrán sus codos sobre el mantel, y las hay que aun acompañadas se vltupan el dedo que ensuciaron en la yeína del huevo. Sería del peor gusto hablar en la mesa redonda de un balneario con todos los circunstantes, como se hace en la de una casa particular, y en ésta seria mal visto pasar la servilleta por el plato y cubiertos, como hacen muchos en aquéllas, de lo que se desprende que se obra según y conforme. Y á usted, docto Doctor, que halla fácil solución á todos los problemas, acudo para que me resuelva el siguiente; Sou más felices los esclavos de la etiqueta que llevan á su estragado paladar menudos trozos de fuie- ijraa con el cuchillo de wrme? ó los jornaleros que al sol, y reposando sobre el cascote del derribo que hacen ó la piedra que labran, comen e sabroso pucherillo, dorado por el azafrán? Usted y yo conocemos á una dama que tuvo un día aatojo de comer el arroz que teníaii ante si los obreros que edificahan su casa, y ellos, encantados de la llaneza, se le ofrecieron. E n el que fué luego el comedor más celebrado por el malogrado escritor Luis Alfonso, apuró la propietaria el contenido de una cazolilla del amarillento manjar, y muchas veces daspués en suntuosos banquetes ha recordado con gusto el primer festín de aquella hahitación. Concluyo: y por no hacerlo con la forma que usted con tanta gracia ridiculiza, en su articulo titulado Fórmnlas. lo haió con una gran verdad: Su admirador, ALDHAKA. TODOS CONTRA MÍ, POR CILLA