Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
e ¿ún y ¿oí íoi io Q AL DOCTOR THEBUSSEM V- -OK el delate que me produce siempre la lectura de cada articulo de los que nos regala su galana pluma, he saboreado el que titula Cb ¡ío publicado en el número anterior de esta Eevista, queriendo investigar si la forma humorística, al par que docta, encierra un consejo, ó si ha vestido usted una guasa de las que se gastan en esa bendita tierra de Dios y de María Santísima, con el rico manto de su vastísima erudición y castizo estilo. ¡Cómo, Doctor! ¿con dos dedos? Eso es seffiin el caso, y aun la casa. Una dama elegante como la que presenta el distinguido dibujante encargado de ilustrar el artículo que usted firma, no puede desvirtuar el perfume de que sus dedos están impregnados, con el olor del aliño de tan sabroso fruto. Por eso sin duda se desterró la rancia costumbre de que los invitados obseguiaran á la señora de la casa con una oliva que le presentaban en las puntas de su tenedor y que era difícil aceptar sino con los dedos. Y también, sin duda, para evitar este y otros inconvenientes, no se ponen los entremeses en la mesa que rodean numerosos convidados. Los pasan los sirvientes, en una bandeja, siempre de plata, y en primorosos platillos colocados: van entie ellos las aceitunas i Quién se atrevería á sacarlas de aquel elegante nido con los dedos, ante la vista de los criados, que las tomarán por ese procedimiento en la cocina? Y, sin embargo. Doctor; entre horas, cuando es un capricho, una gourmanderie, esa misma encopetada señora las coge con dos dedos y se los limpia con su diminuto pañuelo. Por este y otros ejemplos dije á usted que según el caso; y sin que sea mi ánimo discutir con usted, le diré que no estoy conforme en lo de que no se pueda, en ningún caso, llevar el cuchillo á la boca. ¿Condena usted á eterna zurderia á los que comen carnes solamente? Usted, Doctor, es de los más autorizados para tratar esta cuestión; usted, enfant gaté de la buena sociedad, ha comido en las mesas mejor servidas de Madrid, como lo prueba su colección de memis y la variedad de preciosos platos qu adornan el hermoso comedor de su Huerta Cigarra recuerdo todos ellos de banquetes á que usted ha asistido. Entre tanta dama linajuda, tanto estirado diplomático como usted ha visto comer, ¿no ha encontrado incorrecciones que tachar? Convengamos en que en la mesa, como en ninguna otra parte, se distinguen las personas que son distinguidas per se, como se dice ahora; porque sí, como se decía antes. Y en las que lo son, no está mal hecho, porque saben hacerlo bien, comer, por ejemplo, los espárragos de Aranjuez con tenedor y cuchillo, antes que manchar la satinada pechera ó la cascada de encajes con la gota de mayonesa que del lacio manjar se desprende, amén de quemarse los dedos y ensuciárselos por no haberse inventado una pequeña tenacilla con que cogerlos, como la grande para servírselos.