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82 BLANCO Y NEGRO radores y en su nombre el valeroso diputado por Burgos D. Juan Zumel, con la noble entereza castellana, y después de violentos altercados y de repetidas conferencias y contestaciones, el Rey se decidió á prestar el juramento en la forma exigida, cediendo ante la digna é inflexible actitud de los castellanos, que no estaban ciertamente equivocados al temer la rapacidad de los flamencos. A pesar del juramento prestado por el Rey, aquellos intrusos, y particularmente el ex ministro Cbiévres, como otras muchas veces han hecho otros muchos extranjeros en esta desdichada nación, diéronse tan buenas mañas para acaparar el dinero español y mandarlo á su tierra, que al poco tiempo no se encontraba en todo el reino una moneda de oro ni para un remedio. Especialmente los doblones de á dos- -asi llamados porque tenían dos caras- -acuñados en tiempos del católico Rey, y que eran del oro más puro, desaparecieron como por encanto, de tal modo, que cuando algún español logizaba ver uno por casualidad en sus manos, lo saludaba con esta graciosa frasecilla, que habíase hecho popular: Sálveos Dios, ducado de á dos, Que monsieur de Chiévres no topó con vos. El día 7 de Febrero- -que por cierto era domingo el año de 1518, como lo es el de 1892- -verificóse la ceremonia de juramento, celebrada después con lucidas fiestas de toros, cañas, justas y torneos, en que, según los historiadores, el mismo Rey mostró su gallardía, rompiendo tres lanzas y dejando admirados á todos por su gentileza. El retrato de Carlos I que damos en este número es copia hecha por nuestro distinguido redactor artístico D. Julio Gros del pintado por el Tiziano y que se conserva en nuestro Museo de Pinturas. Del otro acontecimiento que la fecha de hoy nos recuerda, y que ha dado asuntos para muchos dramas, novelas y leyendas, poco diremos, porque el espacio nos falta y la índole del hecho se aviene mal con el carácter de esta Revista. Recordaremos, como curioso, un detalle de la ejecución de aquella infortunada reina que refiere el historiador Pedro de l Estoile: Después de decapitada, el verdugo, según costumbre, fué á enseñar al pueblo la cabeza separada del tronco; pero con sorpresa se vio que. la cabellera se separaba del cráneo. Era una peluca. La infeliz María Estuardo se había quedado completamente calva á los cuarenta y cinco años, después de diez y siete de prisión. Citaremos asimismo, á titulo de curiosidad, la siguiente estrofa de una de las elegías que componía ella mismay cantaba, acompañándose en el laúd, recordando á su difunto esposo Francisco I I de Francia: Si je suis en repos Sommeillant sur ma conche T oy qu il me tient propos Je le sensqui me touche: En labeur, en repoy, Tous jours est prés de moy. Y terminaremos refiriendo una anécdota chistosísima, que, por extraña relación de lo dramático con lo cómico, la tiene intima con aquel terrible y tristísimo suceso. Sabido es que nuestro inmortal Bretón de los Herreros tradujo al castellano la imitación que hizo Lebrun en francés de la ítragedia de Schiller María Estuardo, y trató de hacerla representar allá por los años de 1828, cuando ejercía la censura teatral el R. P Carrillo, fraile tan presuntuoso cuanto ignorante. Leyó estela obra y exigió que fuera enmendado el final, alegando que una reina no podía morir en el cadalso. -Es que así lo dice la historia, contestó Bretón. -Si yo hubiera tenido que censurar la historia- -replicó el fraile- -ya lo hubiera arreglado de otro modo. -Pero- -l í o hay más que hablar- -concluyó el reverendo l a obra me gusta, pero usted enmiende ese final ó yo le hago otro desenlace. Aterrado Bretón con esta amenaza, modificó el final de la obra, y la vida de María Estuardo, que no pudo ser salvada en Inglaterra, á pesar de los valerosos esfuerzos de sus partidarios, lo fué en la escena del teatro Español, gracias á la estupenda ex encia del R. P Carrillo. TELLO TÉLLEZ. L