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dáftá de I oíidfe Por uno de esos frecuentes y crueles caprichos del Destino, la nota do color predominante en esta carta, ha de ser la negra. Cuando el pabellón de la patria ondea tristemente á medio mástil: cuando mis compatriotas piensan que es causa de luto nacional al presente y acaso origen de inquietudes en el porvenir la inesperada muerte de aquél en quien cifraban todas sus esperanzas, desde que el heredero inmediato de la corona del Eeino Dnido se ha enajenado gran parte de las simpatías, que antes inspiraba; cuando llegan á mis oídos las sentidas frases con que unánimemente todas las clases sociales manifiestan la compasión que sienten hacia la encantadora y simpática Princesa, victima de uno de esos que hemos convenido en llamar inescriítables designios; cuando aún me dura la impresión causada por un codicioso abrazo de mi madre que lloraba copiosamente pensando en la aflicción de la Princesa de Gales; cuando aúu no hace quince minutos que Mary me ha dado una escena por haberme permitido decirle que si á ella le hubiera ocurrido lo que á la Princesa no estaría tan triste como ésta; cuando, finalmente, estoy persuadido de que escribo para unos lectores de corazón grande y de sentimientos nobilísimos por tanto- no es posible que intente siquiera alejarme por breves momentos de la atmósfera de duelo que me rodea. Hacerlo seria indigno de mí, buen inglés, y de ustedes, óptimos españoles. Si el afecto, como el valor, es tanto más estimable cuanto más anónima es su demostración, satisfecha debe estar la Keal familia del cariño que inspira. El que firma una lista, ó manda una tarjeta, ó se vale de cualquier otro medio para que conste la parte que toma en la desgracia de un amigo, lo hace en la mayoría de los casos por cumplido; pero esos grupos anónimos que durante estos días han acudido á leer los partes espuestos al público en las fachadas de Mansión House y de Malborough House, manifestando en sus semblantes y en el tono con que decían los que ocupaban las primeras filas á los que iban detrás: No está mejori) el interés con que seguían el curso de la enfermedad del Príncipe; esos lo han hecho sin aspirar, siquiera, al reconocimiento de los favorecidos con esa prueba de afecto. Y han sido tantos y tan numerosos, que en el Palacio de los Príncipes de Gales ha habido necesidad de poner tres copias de los despachos. Su composición no podía ser más abigarrada: junto á la señora elegante, la pobre harapienta; al lado del caballero decentemente vestido, el cochero del havisun; cerca del soldado, el vendedor de periódicos. Esto en Londres. Tan pronto como cundió la noticia de que el Duque de Clarence había fallecido, los aldeanos de Sandringham y de las inmediaciones, solicitaron del Principe de Gales permiso para entrar á ver el féretro en la iglesia de Santa María Magdalena, y desde la una hasta las cuatro de la tarde fueron penetrando en grupos de 12, que contemplaban en silencio ei catafalco cubierto de coronas y cruces de flores, y sallan comentando la prematura muerte del Duque, y dedicando frases compasivas á su infortunada prometida. Las manifestaciones de sincero pesar se han repetido al trasladar los restos mortales del Príncipe de la citada iglesia á la estación del ferrocarril, y luego en Windsor, donde han quedado depositados en la capilla de San Jorge. Pocos serian los que al volver á la estación para encaminarse á Londres, no sintiesen profundo pesar aumentado por lo triste y desapacible del día. De todas las muestras de respeto y consideración tributadas á la memoria del anciano y venerable Cardenal Manning, que, como ya saben ustedes, murió al mismo tiempo que el joven Príncipe, ninguna más conmovedora que la encerrada en las frases que le dedicó el jefe rabino en la sinagoga de Sandys Eow, detallando los señalados servicios prestados por el Cardenal (ÍÍÍ i; enerado amigo á las clases obreras, promoviendo su educación y excitándolas á la templanza, y añadiendo que la raza judia conservará siempre un grato recuerdo de la enérgica ayuda y preciosos consejos recibidos de él en época triste para ella, con motivo de las persecuciones de que ha sido objeto en Eusia. Cinco días después que su mujer ha fallecido Mr. Scott, el City Chamberlain, que había entrado al servicio de la corporación municipal en 1827. Arabos han sido víctimas de la influenza. Y omito la larga lista de personas conocidas y eminentes que todos los días publican los diarios. El caso es que estamos aterrados, y no sin fundamento. ¡Gomo que en la semana anterior han ocurrrido 2.680 nacimientos y 3.271 defunciones, excediendo éstas en 1.193 el término medio de mortalidad en igual época del añol Como no falta quien atribuya el origen de la dolencia que ha llevado al sepulcro al Duque de Clarence á un catarro cogido en el enterramiento del Príncipe Víctor, vuelve á preocuparse la pública atención de las pésimas condiciones en que se verifican al aire libre esas fúnebres ceremonias, y que hay quien propone, asegurando que predica con el ejemplo, el uso de gorros de terciopelo ínterin be adopta en los cementerios el empleo de tiendas de campaña que preserven del sol en verano y del frío en invierno á los que van á rendir el último homenaje de cariño á un pariente ó amigo. La muerte de unos no detiene el progreso de los que quedan. Acaba de formarse un comité compuesto de individuos de ambos sexos y de todas las opiniones políticas, para organizar en Hyde Park, el 29 de Mayo, una manifestación magna en pro de la concesión del derecho de sufragio á las mujeres, que por lo visto no cejan en su empeño. E n ese comité, de que es secretaria lionoraria, Jliss Cozens, figuran algunos miembros del Parlamento. ¡Me parece que esta vez va de verasl Ahora, que las Cámaras se conviertan en Bexing hallsH! BLACKWHITE.