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-Ltf; lio CON DOS o DEDOS BILBAO Á DON ÓSCAR ROCHELT: EN He leído con detenimiento la consulta que Vm. me hace sobre si las aceitunas aliñadas que se sirven en la mesa, lian de tomarse ó no con el tenedor. Supongo, pues Vm. no lo dice, que se trata de aceitunas enteras presentadas en plato y con cuchariía, para que con ella traslade cada invitado al suyo el número de olivas que le acomode. Soy juez incompetente para dictar sentencia. Pero en seco y sin dudas ni vacilaciones, le diré á Vm. c üe mi opinión es con dos dedos. Y me fundo para ello en que la ley v, título vii, de la Partida ii, al ocuparse de la educación que los ayos deben dar á los hijos de los reyes, advierte que non les deuen consentir que tomen el bocado con TODOS LOS D- EDos de la mano, para que non los fagan grandes, El manejo, más 6 menos hábil, del cuchillo y del tenedor, es hoy vulgar y frecuente. A esta mayor 6 menor pericia se refirió sin duda el célebre poeta que dijo: Dejen á un hombre sencillo Y que no es ninguna fiera, Manejar á su manera El tenedor y el cuchillo. Hay, pues, maneras torpes y cursis en el uso y aplicación de los dichos instrumentos. En el modo de tomar la escopeta, de barajar los naipes, de poner el pie en el estribo ó de contar cincuenta duros en- plata, se conocen al cazador, al tahúr, al jinete ó al cajero; Tan sencillas operaciones revelan la práctica, inteligencia y pericia de aquellos que las ejecutan. Es indispensable gobernar con maestría el tenedor, para poder usar de los dedos con limpieza y con elegancia. En esto son maestros los ingleses finos y de buena educación. Da gusto verlos con aquellas manos y uñas tan limpias, tomar con sus dedos los diversos alimentos que á ello se prestan. Encanta mirarlos comer la sopa, los macarrones ó las angulas, sin que tales manjares les ensucien ni los labios ni el bigote. Y en cambio da risa y lástima ver, como yo he visto en banquetes políticos, á gentes que tomaban el Champagne con cuchara, y con tenedor y cuchillo no solamente las galletas inglesas, sino ¡bástalos espárragos de Aran juez! Por algo dijo Cervantes que en el tiempo que Sancho Panza fué gobernador aprendió á comer a lo M E L I N D R O S O y que comía con tenedor las uvas y aun los granos de la granada. Vemos que es antigua y autorizada la rechifla del uso inoportuno del tenedor. Dos palabras sobre el cuchillo, ya que tenemos la masa entre las manos. Una dama española, cuyo mando ocupó alto puesto diplomático en Londres, asistió al ceremonioso banquete de un lord, Las inglesas elogiaron la belleza y elegancia de la embajatriz; pero corrieron ciertas palabras dichas ál oído de uñasen otras de aquellas íaA ás, todas las cuales ponían cara de sorpresa, de admiratíón y de es panto al escucharlas. Y el espanto, la admiración y la sorpresa se fundaban en que, durante el convite, la embajadora ¡se llevaba el cuchillo á lá boca! Yo encuentro justísimo y fundado el asombro délas inglesas, y me pasmaría también de que cualquier persona á quien hubiese juzgado fina, distinguida y aristocrática, usase del tenedor para saborear aceitunas, engullir salchichón ó córner huevos fritos. Así lo siente y lo dice, pero sin ánimo de convencer ni de predicar cruzada, Medina Sldonia, 22 de enero de 1892 añoí. E L DOCTO THEBÜSSEM.