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TJAír Luis Ernesto Meissonier, uno de los más ilustres y gloriosos representantes déla moderna escuela francesa, el pintor de las pequeñas proporciones y de las grandes manerasi) como le llamaba el insigne crítico Thoré- Bürger, el Rembrandt de Liliput como chistosamente le nombraba el ingenioso cronista del Charivari, Pedro Veron, era un hombre extraordinariamente original y en ocasiones excéntrico. Bajo de cuerpo, ancho de espaldas, con sus ojos vivos y centelleantes, con su típica y legendaria barba en forma de sauce llorón, blanca, abundante, despeinada y larga, como las que en algunos cuadros alegóricos pintan á los ríos, representados por ancianos robustos y venerables- -aunque desnudos- -tendidos sobre la fresca hierba, y appuyés d une main sur aim itrne pendíante, vestido casi siempre con su larga levita negra abotonada, su grueso pantalón collant y sus botas de montar, gesticulando constantemente cuando no hablaba, y cuando hablaba gesticulando más, Meissonier, antes que un artista pintor, parecía un jubilado profesor de gimnasia ó de equitación, ó un maestro de armas retirado. Muchas anécdotas curiosas de este artista ilustre recordamos, al recordar hoy la fecha en que Francia perdió uno de sus hijos más eminentes. Cuando Meissonier pintaba en Poissy su primer cuadro militar que repres ntaba una carga de caballería- -aun no era conocida la fotografía instantánea- -tuvo una idea peregrina, que él indicaba, con su constante buen humor, diciendo que pretendía hacer fraternizar el ferrocarril y la pintura -Es necesario- -decía- -sorprender los diversos y exactos movimientos del caballo que galopa, y para ello he discurrido que podría lanzarse á todo escape un caballo sobre una pista á propósito, y seguirle en un vagón arrastrado por una pequeña locomotora, en el que podré ir subido con mi caballete, mi lienzo y mis colores. Según dice el biógrafo que relata esta anécdota, el proyecto de ferrocarril Meissonier quedó como quedan muchos proyectos de ferrocarriles en España: en proyecto. Meissonier- -j en esto se parecía á otros muchos hombres de talento- -pocas veces estaba satisfecho con ser lo que era y con hacer lo que hacía. Era un gran pintor y su mayor sentimiento consistía en no ser un gran general. E n esos cuadritos de género á que debió principalmente su fama universal, no tenía competidor, igualaba y aun superaba á los más delicados artistas de la pintura holandesa, y mereció que críticos eminentes comparasen su ejecución con la de Van der Helst, y aun con la de Salvator Rosa; pues, á pesar de ello, la afición á los grandes cuadros lo dominaba, y una de sus mayores satisfacciones la tuvo el día en: que le encargaron pintar uno de los grandes frescos del Panteón, encargo que dio ocasión á severas críticas y á punzantes chanzonetas. ü n escritor satírico, comentando la noticia, escribía lo siguiente: Encomendar á Meissonier ese trabajo, es como encargar la restauración de la columna de Vendóme á un con. structor de minuteros para relojitos de señora. Su afición al rñilitarismo -reflejada en sus numerosos cuadros de asuntos militares- -rayaba en verdadera monomanía. Algo hubiera dado muchas veces porque el caballete que tenia delante se hubiera convertido en caballo, y el tiento que llevaba en la mano se hubiera transformado en sable de combate -Siguió al ejército francés en la campaña de Italia, y cuando en. 1870 se declaró la guerra contra Alemania, apresuróse á hacer sus preparativos para salir con las tropas que se dirigían á la frontera. En Poissy, donde tenía un gran hotel, organizó una guardia nacional do la que- -como es de süponer era el jefe, ü n día se presentó á Gambetta, que era á la sazón Ministro de la Guerra, con el empeño de que le nombraran prefecto de alguno de los departamentos invadidos ó amenazados. -Gambetta le calmó concediéndole un alto grado en el Estado mayor de la Guardia Nacional de París. -Algunos chuscos, al verle á caballo, tan arrogante, ir de un lado á otro con su vistoso uniforme y su gran barba, le saludaban como al capitán general de los zapadores El demonio de la política también tentó varias veces al eminente artista, y en más de una ocasión, no contento con que la patria le mirase como uno de sus hijos ilustres, se empeñó en que le mirase también como uno de sus padres... políticos. En 1848 se presentó candidato á la diputación en las elecciones para la Asamblea constituyente. El manifiesto del comité que apoyaba su candidatura es curioso. Decía así: Ernesto Meissonier se presenta candidato en el departamento de Seine- et- Oise. -Como artista es conocido su talento, que sus mismos colegas acaban de consagrar nombrándole, por unanimidad, miembro del Jurado de la Exposición. -Como ciudadano también ha hecho sus pruebas En 1845 rechazó enérgicamente las instancias personales de Mr. Guizot, que le pedía hiciese el dibujo para la medalla conmemorativa de su viaje á Gand. -El 24 de Febrero estuvo en las barricadas con el fusil en la mano. -Padre de familia, ha vivido siempre de su trabajo. -Lamartine le recomienda, y su profesión de fe es la siguiente. A renglón seguido iba la profesión de fe política de Meissonier, que, entre otras cosas, pedía nada menos que las siguientes qollerias: TJTÍ solo impuesto repartido con justicia, el servicio militar obligatorio, el trabajo participando de la riqueza que produce, la justicia de los tribunales protegiendo á los que á ella acuden sin arruinarlos, y, en fin, la Francia dando á todos los pueblos el ejemplo del orden en la libertad. ISo hay para qué decir que Meissonier no. fué elegido. Aunque pedía tantas y tales cosas, no se le podía aplicar una frasecilla popular diciendo que parecía que le había hecho laboca un fraile Por el contrario, parecía que se la había hecho un demagogo. Meissonier debió ser millonario porque ganó millones: sin embargo, no recordamos dónde hemos leído recientemente que sus herederos no estaban muy dispuestos á aceptar la herencia sino á beneficio de inventario ü h o de los primeros cuadros que pintó, Les bourgeois flamandes, expuesto en 1834, fué vendido en cien francos; algunos años después vendió otro, Lepeintre, que sólo tenía cuatro figuritas, en cuarenta mil- -á diez mil francos cada una; -1814, el famoso lienzo de que ofrecemos en este número una reproducción por el fotograbado, alcanzó el precio fabuloso de ochocientos setenta y cinco mil francos, TEES MILLONES Y MEDIO DE REALES. 1814- -3. SOO. 60O reales. ¿Quién dirá, al ver juntas estas cifras, que son el título y el precio de un cuadro? ¿No parecen el premio gordo de una lotería, y el número agraciado? TELLO TKLLEZ.