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BLANCO Y NEGRO 59 no quiere conceder á los paseos y á las calles donde en dia de sol bullen, se agitan, van y vienen en admirable desorden, en agitación constante, en movimiento continuo, los innumerables e indescriptibles tipos de todas clases, todas categorías, todas las estaturas, todos los vicios y todas las virtudes. Las damas elegantes se ven privadas de su paseo por el Retiro primero, y por la Castellana más tarde; pero envueltas en pieles y acurrucadas en sus landos enguatados de seda, cruzan de punta á punta todo Madrid, buscando asilo en los salones donde se murmura de todo, se critica de mucho y se toma el té de las cinco. El bolsista, en días de lluvia, se consagra con alma y vida á sus negocios y pasa las horas en el Bolsín ó en la Bolsa, sin preocuparse de otra cosa distinta, y pensando en que quizás cuando salga á la calle, los talones, resguardos y recibos que allí dentro adquirió, puedan convertirse en papeles mojados. Loí. novios que sólo por el balcón ó la reja pueden comunicarse sus pasiones, también están de pésame en los días lluviosos, pues la mayoría de aquéllos comprende que en cuanto al fuego de su amor le caiga un chaparrón, se ha de extinguir como por encanto. Los paragüeros hacen de los días de lluvia dias de agosto, despachando al infeliz que acude á ellos cuantas existencias conservaban por no quererlas nadie. El barómetro que más fijamente barrúntalas aguas y que podría llamarse de mal agüero, es el hombre que se sitúa en la Puerta del Sol ó sus alrededores, pregonando con voz estridente: ¡Paraguas nuevos! ¡A diez reales! Respecto á la condición de nuevos, habría bastante que hablar; por lo que toca al precio ínfimo á que los ofrece, tiene una explicación clara: al vendedor le han costado menos todavía. Probablemente no le habrá costado más trabajo que el de cogerlos al primer descuido de sus respectivos dueños. A quienes perjudica en grande la lluvia es á los periodistas, para los que no se han hecho los coches, ni los ratos de espera, ni los domingos y dias festivos, ni casi los paraguas. Los días templados y serenos favorecen á las empresas periodísticas; los lluviosos fastidian á sus redactores. Pero al periodista verdad no le espantan las lluvias está acostumbrado á las gotas de tinta y á las gotas de sudor. CÁELOS O S S O E I O Y GALLARDO. CÓMO H A N I D O Á L A F I E S T A D E S A N A N T Ó N POR CILLA. El país.