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WVV i LA LLUVIA ¡Qué tristes son en Madrid los días de lluvia! Si en el mes de Mayo el cielo se obscurece, y la tempestad entona su terrible sinfonía, y la lluvia convierte en lodazales las calles de la población, á pesar del espectáculo lóbrego que aire, cielo y agua completan existe en medio de todo cierto ambiente de alegría, cierta transparencia primaveral, ciertos perfumes y tintas nacaradas que consuelan; la tempestad se escucha como el gorjeo de los pájaros, y la lluvia no es más que un rocío copioso, y el huracán una brisa tibia y amorosa. Pero cuando los elementos presentan el mismo panorama después del mes de los muertos, entonces tiene un aspecto completamente distinto; no hay tonos alegres, ni nubes risueñas, ni esperanzas, ni perfumes de flores, ni contornos sonrosados, sino humedad que molesta, rumores melancólicos, tristezas que enervan y suspiros muy distintos de los que se lanzan á la llegada de la primavera. La lluvia entorpece el comercio, la industria, la actividad, la vida entera de Madrid. Aquí para todo se tiene que contar, en primer término, con el sol: el dinero y el humor se busca y se hace. E n los días lluviosos, la agitación febril que caracteriza á la vida de la corte, queda como en suspenso y reconcentrada en los casinos de mullidos divanes y costosas alfombras; en los cafés céntricos, donde se congregan los desocupados callejeros; en las redacciones de los periódicos, donde se respira una atmósfera de actividad, que horas después se traduce en miles de ejemplares que van arrojando con estrépito las máquinas, y entre sus pliegues llevan la fama de unos y las censuras de otros; en los estudios de los pintores, que, á falta de la purísima luz cenital que necesitan para copiarla y trasplantarla al lienzo se dedican á recibir las visitas de los amateurs, con quienes entablan polémicas artísticas, en las que, si la reputación de algún compañero no sale muy bien librada, en cambio quedan perfectamente asentados y planteados los principios del arte; en las librerías de moda, donde se comenta la última obra publicada ó se critica por anticipado la próxima á ver la luz, y por último, en todo sitio donde reine el comfort que la inclemencia del tiempo