Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
BLANCO ¿Qué mejor regalo para una novia de gusto delicado que la coleta de su niñol Algunos se la regalan. Otros la conserv an cuidadosamente en estuche, como rdocumento liumaíio) ó como reliquia artística para la historia. -Asina- -decía uno de ellos- -cuando se trompiese con mi trensa cuasiquier sabio antiluviano, ó antiguario, ú a: ntistórico ú como les digan; vamos, uno de esos que andan siempre escarbando en la basura y en la honrados de los hombres que han valido, pa sacar aluego al ruedo too lo malo que han jayao, podrá manuscribir: Esta es la trensa der pare e la tauromaquia en er siglo xix y pico. -Tamién puá ser, compare- -objetó un compañero del diestro esquilado- -que arguno de esos matafuegos antipatrióticos, que viven rebuscando como las gayinas, la tome con usté sormente por envidia, y ponga en los libros ú en los pápele público: Ésta era la trensa der pare e los chinos ecuestres... desétera. La operación de cortarse el pelo, siquiera sea temporalmente, es dolorosa para un torero de buena fe. Para un joven guapo, aunque incógnito, es el suicidio. i Y por otra parte, es tan feo eso de dedicarse un diestro, pongo por ejemplo, á la remonta de botas y zapatos! Equivale á prostituir la coleta y prostituirse. Y un torero, aunque sea del arma. de. novillos, prostituto, está marcado por sus compañeros, que le señalan con el dedo en cuanto le ven. Las primeras heladas vienen afeitando coletas de la vía pública. Desaparecen aquellos mozos gallardos, con las piernas como alfeñiques de luto, y la chaquetilla corta y el sombrero ancho, que parece un proyecto de tablero para velador. El frío les espanta. Nadie vuelve á saber de ellos hasta que calienta el sol. El calor les vivifica. -Mire usté á mí déme usté toros- -pide uno. -Eso es lo que tú quisieras: toros. -Pero no me dé usté frío, porque me muero de purmonía e la triple Alianza. ¿Y si tuvieras que ir á torear en Eusia, ú en otro paisaje frígido- -le pregunta otro picador de su cuadrilla, con algunos conocimientos geográficos, aunque inodesto. -Pues andaría por ayí y sardría á picar en urnia, Y NEGRO vamos, entre cristales, como un pájaro embarsamao p i no sentir el frío. Lo cierto es que en al u nos sitios céntricos de J I drid parece que falta lo más importante: las viñetas. ¿Qué fué de aquellas chicos banderilleros ó picadores, ó pejes- espadas, sin perjuicio de ejecutar otras varias suertes del toreo, como la del salto del cerdo, la del doble salto mortal con fractura y demás? Tal vez en estos días amargos torean en obras públicas, ó en obras privadas, ó militan en la ronda submarítima, ó subcutánea, o subterránea, ó consumen y agotan su entendimiento envueltos en el mandil de sus mayores. ¿Quién sabe si impaciente en el obscuro rincón del portal, aunque honrado taller de obra prima, oculta la trenza por el chaquetón con el cuello en pie y la gorra, de seda en su origen, aguarda el toque del clarín para lanzarse al ruedo- -aun en clase de novillo? La facilidad de comunicaciones internacionales modifica gradualmente el vestido del artista en cuernos. Hasta los fabricantes de peinetas han variado de costumbres, y de ropa, y de todo. Como que la mayoría no existe. Ha pasado la moda de peines y peinetas, y han muerto los principales fabricantes en el ejercicio de sus funciones, como bravos. En los mismos cuernos. Los toreros que quedan vivos en Madrid durante el invierno, visten de señoritos. Algunos más parecen actores cómicos que lidiadores de toros. Otros pueden pasar por camareros de café. Algunos, por gobernadores civiles. Otros, por sastres de recreo, ó sea á precios reducidos. Se advierte un vacío difícil de llenar -como decía un concejal en sesión del Ayuntamiento, conmemorativa de la muerte del alcalde primero. -Leja un vacío en la casa difícil de llenar. Debió decir en la caja El frío es el enemigo de los hombres de mérito. Un matador de toros muy popular se me quejaba igual, que si yo llevara parte en la dirección del globo: -Aquí no se puede aguantar el invierno; vivís toosustés de milagro. ¿Y en tu pueblo? -le repliqué. ¡Jesús, María y José! -exclamó- -ayí apenas se siente un par de días el frío en too el invierno. Mirusté, on mi casa no me entero yo dé. si lo, hay. Y es que está to preparao contra er frío por mor de la calefasión por tubérculos. t SENTIMIENTOS. 1.