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a R i H D- LIOHDRCS I Compadézcanme ustedes! my home, m y srveet 7i i mi tranquilo hogar, para decirlo en castellano, ha sido una plaza débil tomíída por asalto durante las pasadas fiestas, por unos parientes de mi mujer procedentes del BuckinghamsMre. Componíamos la guarnición de mi casa mi esposa j yo, á la cabeza de fuerzas mercenarias (la doncella, la cocinera j el criado) pero no pudiendo resistir el brioso empuje del ejército invasor, formado por el matrimonio Quencncr y sus seis hijos, nos rendimos á discreción, entregando á los vencedores las llaves de la despensa. Mary (mi costilla) como gobernadora civil, distribuyó las boletas de alojamiento, y una vez instalados Sibby (ustedes le llamarían prosaicamente Sebastián) y Alice (los jefes) y Eob, Eit, DoUy, Jane, Sophia y Alfred, nos reunimos en el dinning- room las oficialidades de ambas tropas, y firmamos una paz honrosa, aunque comprometiéndonos los vencidos á pagar una cuantiosa indemnización de guerra. Por una de las cláusulas del tratado; me obligué á llevar á todos los Quencher á cuantos espectáculos de Christmas ofreciese Londres, ilnocente de mil ¡Necessi. ty Imows no law! ¡Cuánto mejor habría sido habernos dejado pasar á cuchillo ó imitar la heroica conducta de los saguntinos! Aun no me conocen ustedes, y no pueden, por tanto, tener idea de la instintiva y profunda repugnancia que siento hacia la tarea de eiceronx. Figúrense, pues, cómo iría yo á todas partes en el centro de un grupo de oclw cliristm áticos de todas edades y de ambos sexos, dándoles voces para indicarles el camino, ó congregándoles delante de los edificios y monumentos públicos y explicándoles su origen, significación, nombre, etc. etc. Asi han visto, porque yo no me he dado cuenta de nada, Humpty Sumpty, la pantomima de Harris y NichoUs, con música de Crook, representada en Drury Lañe, como las de los años anteriores, por las estrellas de los Musiclialls, y en la que, como en todas también, hay príncipes enamorados, princesas desdeñosas, reinas que se pasean en canastas, hadas vengativas y protectoras, monstruos espantables, raptos, bodas, bailes, etc. etc. con todo el aparato que el argumento requiere. Yo apenas pude gozar de las excentricidades, á veces graciosísimas, de Dan Leño y Little Tioh, de las canciones y danzas de Marie Lloyd, de las preciosas decoraciones, de los ricos trajes y de algún que otro número de música más sobresaliente, como elpas de dix en el baile de la fiesta nupcial. Por cierto que en la marcha, verdadero triunfo del color, mientras Eusia y Alemania fueron recibidas con generales manifestaciones de desagrado, Francia alcanzó una ovación. ¡Y ustedes no saben lo que he tenido que andar hasta encontrar localidades para ver la pantomima! Gracias á la influenza no hay bien que por mal no venga! pude, por fin, hallar las ocho que necesitaba para los Quencher porque, á fuer de hombre previsor y de amante esposo, habla encargado con mes y medio de antelación las dos para mi mujer y para mí. Qué notte a Venesia la bella he pasado, á pesar de lo bonito que está el Olympia, convertido por arte de Imre Kiralfy, con el auxilio del músico Venanzi, de millones de luces, de algunos miles de litros de agua, de 1.500 actores y de 100 góndolas, en un Venecia auténtico, con sus puentes, canales, elegantes palacios, modestas casas, pasadizos obscuros, tiendas microscópicas en que se venden rosarios y chucherías venecianas, etc etc. Tuve el disgusto de ver que los jóvenes Quencher, secundados por otros muchos, arrollaban á los seudo- agentes italianos que, á la entrada de un puente, tenían orden de no dejar pasar al otro lado más que un determinado número de espectadores. Afortunadamente, los agentes, llevados en brazos al extremo opuesto, tomaron la cosa como debían, y acabaron por fraternizar con las masas, que es lo que hacen siempre las autoridades prudentes. Me paseé en góndola con Mrs. Quencher, sufriendo durante la travesía las miradas y sonrisas sarcásticas de Mary. Hube de convidar á todos á probar en la terraza del café Eialto los confites y vinos italianos. Fuéme preciso explicar á los Quencher más pequeños la ceremonia de las bodas del Dux de Venecia con el mar. Y, es claro, con todo eso no pude enterarme apenas de lo que pasaba en los dos actos y seis cuadros de que se compone el gran espectáculo: Ventee; The Bride of the Sea, ni de cómo cantaban las Sras. Bowman, Feliciani, Almada, los gondolieri y los eantori di nottume, ni de otra infinidad de cosas buenas que había que ver y oír. Cuando no me distraían los muchachos con sus preguntas, era el padre, contándome que los tribunales de Dublín han condenado á una joven por no querer casarse, después de algún tiempo de relaciones con un médico, á pagar á éste 200 libras de indemnización. Ó que en un baile, verificado recientemente en su pueblo ha ocurrido un lance que originará dos demandas de divorcio. Lo que prueba que en todas partes cuecen habas. BLACKWHITE. isiSSfflí