Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
BLANCO Y NEGRO 43 Y á veces hay tres: el cobrador, el mayoral y el interventor de la recaudación. Conviene que no nos quejemos para que las Empresas no pongan cuatro. ¡Son capaces de ello! ¡Y más si saben que eso puede molestar al público! ¡Y qué cómica arrogancia la del cobrador del tranría! ¡Qué energía de frase! ¡Qué grandeza en el mando! ¡Córranse ustedes! ¡El que quiera estar cómodo, que se esté en su casa! ¡Aquí no se puede parar! ¡La salida por delante! ¡No se meta usted en lo que no le importa! ¡Si nO estuviera de servicio, ya le diría yo á usted cuántas son cinco! ¡Yo bago lo que me da la gana! etc. etc. etc. ¿Y qué me cuentan ustedes de los tiranos de oficina? Apenas hay oficina, grande ó chica, particular ó del Estado, donde no se alberguen unos cuantos tiranos- de afición, Tiranos que andan remendados ó sucios, que comen patatas (y no siempre) que fuman las colillas de los demás y que ejercen la tiranía con la misma grandeza que si tuvieran corona, cetro y manto de armiño. Entre los ordenanzas de una oficina hay siempre uno que, por razón de edad ó por haber revelado dotes de mando, hace de jefe de los demás de su clase. Sus compañeros le temen y le odian, que esta es la misión del que se roza con un tirano. Porque el jefe de la oficina, ó el director, ó el presidente, ó lo que sea, sonríe alguna que otra vez á sus inferiores, por modestos que sean; el jefe délos ordenanzas, ¡nunca! ¡Qué se diría! ¡Deponer su gravedad! ¡Sonreírse! ¿Acaso se sonreía D. Pedro el Cruel? ¿Se han sonreído jamás los verdugos? ¡No faltaba más! En cada dependencia donde hay media docena de escribientes, no falta uno designado para dirigir á los demás, que, en vez de dirigir, tiraniza, habla iníperiüsamente; no hace observaciones, manda; no corrige, reprende; no reprende, insulta. -Ya le he dicho á usted cien veces, Sr. Rodríguez, que si no pone usted cuidado, voy á tener que proponer para usted una medida coercitiva: ¡si tal! ¡hé dicho coárciíwa. Cuando un hombre no sabe gramática, la aprende; ¡si ñola quiere aprender, dimite, que aquí no to? ios para sufrir nulidades! ¡Pero D. Atilano! ¡Qué D. Atilano ni qué calabazas! ¡Usted no tiene pizca de etimología, que es la base de la ortografía! ¡Yo D. Atilano! -Me ha puesto usted acero sin h. Usted ignora que acero viene de hacer o. Usted ignora que hacer se escribe con h porque viene del griego. Usted lo ignora todo. ¡Lástima de tres mil realazos anuos que usted percibe! ¡Es que, D. Atilano! ¡Dale bola! ¡Se dice señor D. Atilano! ¿Es que ni siquiera sabe usted tratar? ¿Ha venido usted de su pueblo en un tren barato? A veces dan estos tiranuelos con algún guasón de los de mi escuela, es decir, de los que les halaga la tiranía, y esta es la manera de sacar alguna utilidad á los tiranos de tacón torcido y corbata grasicnta con alfiler de peltre. Yo los encuentro por ahí á puntapiés. Unas veces vestidos de acomodador de teatro, otras con el mandil y el paño del camarero de café, otras encerrados en un levitón de guardia de orden público, otras con blusa rayada y manga de riego en ristre Este me impide pasar, aquél me dice que me eche á un lado, el otro me pregunta que dónde tengo los ojos, y todos pretenden dirigirme, mandarme, ordenarme Y yo me río, y los dejo vivir en su error. Volverles á la realidad, sería poco caritativo. ¡Debe de ser tan grato el ejercicio de la tiranía! ¡Qué demonio! ¡Que viva cada cual como pueda! El mundo es un gran manicomio. Los que andan por él con corona de cartón, ¡vayan benditos de Dios! MANUEL MATOSES.