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HUÉSPEDES ILUSTRES La descentralización administrativa es un mito á la hora de ahora, como dicen los puristas y íilgunos fumadores de cigarrillos. Pero la descentralización política- -ó de los políticos- -es un hecho de que podemos testificar los provincianos con harta frecuencia. De paso para el extranjero, ó aprovechando el tiempo de ferias, son muchos los personajes que se dignan visitar alguna capital de tercero ó cuarto orden, disparatado honor que nunca agradecerán bastante las localidades agraciadas. El primero que echa á volar la noticia del viaje es el órgano local del partido, publicando número extraordinario, con la biografía del viajero y su retrato hecho á dos tintas, una encima de otra. Tan negro suele salir el grabado por la ancianidad del cliché ó por defectos en el tiraje, que preguntamos algunos ante aquella maravilla tipográfica: ¿Es éste D. Facundo? -El mismo. -Visto de cogote, ¿no es verdad? -ISTo señor, visto de frente; sino que se ha puesto ahora muy moreno. ¡Ah! vamos- -agrega un chusco, y escribe al pie del grabado: EL Exorno. Sr. D. Facundo de Navalmoral, después de la siega. Eeúnense á toda prisa el comité local y el provincial la junta del Círculo correspondiente y las niinoÍ 4? r rías- -ó mayorías- -del partido en el Ayuntamiento y en la Diputación. -Es preciso tomar un acuerdo. -Indudablemente. Hay que salir en masa á la estación y con sombreros de copa, para que se vea que somos una masa inteligente. -Justo; una masa encefálica. -Señores- -apunta una voz- -D. Facundo merece de nosotros algo más que un billete de andén. Es preciso ir á esperarle al límite de la provincia. La idea del limite es acogida con entusiasmo, quedando organizada desde luego la Recepción Limited Compagny. -Aparte de eso- -exclama un concurrente- -hay que designar una comisión que nos espere aquí y arregle nuestra entrada. -De eso yo me encargo- -dice uno de oifacundistas. -Ya he mandado traer doscientas hachas de viento. -Pero, ¡si el tren llega de día claro! -No importa; puede ocurrir algo en el camino y llegar más tarde. -Si es por eso, traiga usted también una camilla. -Tengo, además, música; yo creo que en los alrededores de la estación no vendrá mal un poco de himno de Riego. -Y algo de riego sin música ni nada, tampoco vendrá mal, porque aquello está intransitable. Por fin, en carruaje descubierto, hace su triunfal entrada el personaje, entre la curiosidad de las gentes y el volteo de las campanas, cuya colaboración no puede faltar en aquella apoteosis de la política de campanario. Poco á poco se va desarrollando el programa de festejos, y la ciudad se siente orgullosa de albergar al personaje en cuestión, ó mejor dicho, incuestionable. ¡Qué honra para el pueblo! Tener entre nosotros á D. Facundo! n este mundo traidor. Todo es según, el color.