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34 BLANCO Y NEGRO Muchos de nuestros lectores habrán leído un cuentecillo en verso, que ha circulado por periódicos y almanaques, ouentecillo que refiere el gracioso Colchón en el drama La Confesión, con el demonio, obra de D. Francisco de la Torre, y que si no nos es infiel la memoria, dice así: Afcierto clérigo que era Madrugador é impaciente, Le esperaba mucha gente Para la misa primera. Tarde el clérigo llegó, y al querer con grande priaa Salir á decir la misn, Su alba en un clavo enganché. ís o salió del trance salva; Mas él, con chi. toso alarde. Dijo: (No he llegado tarde. Pues llego al romper el alba. La anécdota es histórica, y el clérigo á que se lefiere, el propio D. Pedro Calderón de la Barca. Bicardo Sepúlveda la relata en prosa, con otros interesantes pormenores, en su curioso WhvQ jEl Corral de la Paolieca. Pero si D. Pedro Caldei ón supo demostrar la V iveza y el gracejo de suagudo ingenio en cuan tas ocasiones fué oportuno, y la grandeza y fecundidad de su privilegiada imaginación en el centenar de comedias admirables que á la posteridad legó; si desde que ea 1651 abrazó el estado eclesiástico supo patentizar la bondad de su alma cristiana y la ¡firmeza de su fe religiosa, siendo modelo de buenos sacerdotes, también en sus mocedades supo acreditar la b) avura y temple de su corazón valeroso, lo mismo cuando sirvió, con fama de buen soldado, en Lombardía y en Flandes, que cuando, al sobrevenir la guerra de Cataluña dejó la pluma y empuñó la espada, interrumpiendo su comedia Certamen de amor y celos, para seguir en aquella campaña á las Ordenes religiosas, como profeso que era de Santiago. Tampoco faltaron en su vida- -dice uno de sus biógrafos, -como en la de ningún poeta del siglo XVII, lances de amor y fortuna, cuchilladas y aquello de tomar iglesia. En los Acisox de Pellicer se lee que en el ensayo de una de sus comedias se levantaron iina. t cuchilladas y salió herido Calderón y entre otras noticias de pendencias, recuérdase la que tuvo con el comediante Pedro de Villegas, que alevosamente hirió á un hermano de nuestro dramaturgo, y al que éste, por ello, acometió y persiguió, espada en mano, cerca de las Trinitarias, sin duda en el sitio llamado Mcntidero de los representantes, plazoleta que entonces formaba la entrada de la calle del León por la del Prado hasta la de Cantarranas- -hoy Lope de Vega- -y que á la sazón era el punto de reunión de cómicos y aficionados, como después lo fué la plaza de Santa Ana, y más recientemente la calle de Sevilla. Entre todas las excelentes obras de Calderón los críticos más autorizados señalan como las mejores los dramas trágicos El Alcalde de Za, Umea y El Médico de su honra. Inspirado en una escena de esta última obra está el cuadro que pintó nuestro distinguido colaborador el señor Comba, y alcanió premio merecido en uno de ios certámenes de Za Ilustración Española y Americana. El precioso dibujo á pluma que en este número ofrecemos, es copia de él, hecha por su autor, y el retrato de D. Pedro Calderón es fiel reproducción del grabado en acero que figura al frente de la magnífica edición de sus obras publicada por Juan Jorge Keil, en Leipzig. TELLO TÉLLEZ.