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26 BLANCO Y NEGRO. usted al encuentro un cesante que no ha sido nunca empleado; y no le ha soltado á usted el cesante cuando se aparece á usted una pobre viuda que asegura tener no sé cuántos hijos, única herencia que le dejó el difunto; y á la viuda sustituye un desesperado que va á pegarse un tiro si usted no le saca de un compromiso, y le cuenta á usted una historia espeluznante que para sus novelas aprovecharían algunos autores Y sucede lo que no puede menos de suceder: tan espantosa concurrencia produce necesariamente la ruina de todos, y hoy la profesión de pobre está completamente perdida. Sede algunos mendigos de oficio que están muy resueltos á buscar otra manera de vivir, porque las limosnas no dan ya para nada y están todos los recursos para obtenerlas muy explotados. -Pero todo eso nada tiene que ver con el arte, con el teatro, con los cómicos ííadie pretende que el Gobierno sostenga como por misericordia el Teatro Nacional no, no y no. Que lo funde, que dé el primer impulso; lo demás vendrá por sí solo. -Será preciso que construya un edificio ad hoc. -Sí señor; pues que lo construya ¡Tantos edificios se construyen que hacen menos falta! -Necesitará que se unan muchos actores que hoy andan por ahí desperdigados y sueltos. -Es verdad; pues que los reúnan. ¿Y si ellos no quieren? ¡Pues no han de querer! Pero vamos... si no quisieran Castelar, el orador insigne, lo ha dicho en uno de sus primorosos trabajos: se les hace reunirse á latigazos. -Un poco duro se me antoja el procedimiento; pero sea Si de ese modo se persuaden, haga usted lo que guste. Después, y aunque esto se consiga, faltará otro elemento: autores. ¿Autores? Autores tenemos de sobra. La dificultad será elegir eiitre los muchos buenos que caerían sobre el teatro inmediatamente Y en todo caso podría obligarse también á los buenos autores, empleando la violencia, á que escribiesen. ¿A latigazos también? -También; no han de ser de mejor condición los poetas que los comediantes. -Pero después de todo eso, aun nos faltaba lo principal: el público. -Público no faltaría; estoy seguro de que todas las noches (logrado lo que me propongo) habría que poner en la taquilla el cartelito: No hay billetes. Pero, vaya; si no fuera así, también podría obligarse al público á latigazos Ante todo el arte, y la honra del arte. -De suerte que usted tendría Teatro Nacional: logrando á latigazos que los artistas buenos se uniesen; consiguiendo, á latigazos también, que los buenos autores diesen obras, y obteniendo, del mismo suave modo, que el público acudiese á verlas Pero, ¿quién iba á dar tantos latigazos? Lo que usted pretende hacer no es un teatro, sino una casa de corrección á la antigua usanza, y el comité directivo de ese privilegiado centro de cultura habría de estar formado por capataces de presidio. ¡Oh, el arte! ¡el arte! A. S Á N C H E Z P É R E Z FÁBULA Sobre una rica fuente de natillas, Orgüllosa una mosca revolaba, Y al verlas tan hermosas y amarillas, Más de una vez pasando las rozaba. (Jn gato, de sus amos muy querido, Vio del insecto vil el sucio empeño, Y aunque harto ya del dulce consabido, Del insecto librar quiso á su dueño. Acostóse á este fln cerca del plato, Yfingiendoel tunante que dormía, Con el ojo avizor (ojo de gato) El vuelo de la mosca perseguía. A la venganza y al rencor ajeno, Detúvose el insecto de repente, y el gato entonces, de soberbia lleno, Alzó la pata y la metió en la fuente. La moral de esta fábula sencilla Es que no fué la mosca, sino el gato Quien al dueño privó de la natilla, Si no por criminal, por mentecato. Y de este ejemplo, que parece broma, El buen entendedor saca este axioma; Poder que sólo de imponerse trata, Ann qiieriendo haeer Men, mete la pata. JlAXUEL DEL PALACIO.