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LOS NOCTURNOS uno: con su monóculo sobre el ojo, 1 ojal, el puño del bastón entre alado el sombrero, tan hueco como is á los nocturnos en Universidaias, ni Ateneos; no los encontragún centro de instrucción. Tal vez hao en los Ministerios en los días y á la hora de firmar la nómina, pero son los menos; los más viven de la casualidad, y viven de noche, ¿No los cono céis? Son los gomosos. Seres tan frivolos, que no hacen nada útil; tan insustanciales, que no fijan la atención más que en su persona y ¡cómo la atavian, justo cielo! En castigo de su necedad se les debía vestir como ellos por fantasía se visten, y exhibirlos como ellos se exhiben, y hacerles á su faz la mofa que merecen, y por caridad quitarles la venda que les impide ver el lugar que ocupan entre las gentes. Tipos como el que presentamos, fiel trasunto de la realidad, ¿puede ser estimado por nadie que se estime á sí propio? Forman parte de como éstos, si no pican, no la sociedad como los mosquitos de la atmósfera, estorban, y si pican, son inofensivos. P o r esta y otras análogas circunstancias, jamás uno de estos entes inspira desconfianza á los maridos, y las mujeres le reciben sin cuidado en su tocador, y tal vez le consultan ó le encargan un ricillo para su frente, una crema ó unos polvos para el cutis. ¡O h! en esta ciencia de la toilette on unos sabios, y sus consejos suelen ser