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LA CONFESIÓN DEL ANO El día de San Silvestre, A las doce menos cuarto, E l arlo NOVENTA Y UNO, Viendo ya su fin cercano, Daba grandes alaridos, Que atronaban los espacios, Pidiendo hacer, sin tardanza, Confesión de sus pecados. Acudió el Tiempo á sus voces, Porque el Tiempo, como el diablo. Se ha hecho fraile, harto de carne. Y de otras mil cosas harto; Y acercóse al moribundo. Que besó el cordón del hábito, Y dijo con voz doliente: Padre, junto á liii sentaos, Y escuchadme en confesión, Pues, como hacen más de cuatro. Quiero cumplir como bueuo Cuando no puedo ser malo. Réstanme pocos, instantes, Y es 25 reciso aprovecharlos, Que ya en el reloj de arena Quedan poquísimos íjranos; Así, en resumen y á escape, Sin ocios S comentarios, Sin examen de conciencia, Sin ordeñar el relato, Descargaré, padre mió, El costal de mis pecados Y perdóp si, por la priesa, Me dejo alguno en el saco. Yo he sido gran pecador, Como mis antepasados. Porque no ha habido año bueno Desde hace ya muchos años. Y si ellos trajeron pestes. Desolaciones y escándalos. Catástrofes y desdichas. Miserias, lutos y daños; Yo, por fatal condición Hereditaria, he logrado, Sí no superar á todos, Por lo menos igualarlos. Ellos trajeron ciclones, Terremotos y naufragios; Yo inundaciones, que pueblos y comarcas devastaron;