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Como tengamos un poco de paciencia, dentro de poco vamos á ser felices. Esto lo deduzco de las noticias que encuentro por la prensa. El Sr. Eomero Eobledo proyecta reformas en Ultramar; quizás la de pintar de blanco todos los negros. El Director de Correos también proyecta reformas; él no sabe qué reformas serán ellas, pero hace lo que puede por saberlo y ha comenzado por nombrar una Comisión, que tiene el deber de contestarle á las preguntas que haga, que por lo pronto serán estas: ¿Qué reformas hay que hacer en Correos? ¿Qué cosas deben saber los empleados de Correos? ¿Conviene que Correos y Telégrafos estén unidos ó separados? ¿Cómo se evitarán los extravíos, los fraudes y demás atrocidades de que se queja ef público? Para que lo entiendan ustedes mejor, les diré que el Sr. Marqués de Mochales ha sido encargado del iramo en cuestión para ver si logra averiguar qué es eso de Correos. ¡Lástima que no hayamos podido encontrar para esa Dirección una persona que supiera ya de qué se trata! Pues también proyecta reformas el señor Alcalde de Madrid, pero éste ha empleado otro sistema de anunciar su pensamiento, porque ha citado para que vayan á su casa, á los concejales. ¡Ya ve usted, en el Ayuntamiento no puede un hombre hablar con toda libertad! -Los ha llevado á su casa como quien cita á unos amigos para leerles una comedia, y les ha explicado lo que va á hacer. Estarán ustedes impacientes por saberlo, y se preguntarán: ¿Van k arreglar los empedrados? ¡Gracias á Dios! ¿Van á moralizar lo de consumos? ¡Ya era hora! ¿Van á montar á la moderna el servicio de incendios? ¡Jesús qué novedad! etc. etc. Pues no, señores míos, el proyecto del señor Alcalde es construir un palacio municipal que costará 10 millones de pesetas No está mal pensado. Así, cuando vengan forasteros y pregunten qué tal Municipio tenemos, podremos contestar: Hombre el Municipio no es gran cosa, ¡pero el palacio que tiene es una. maravilla! Ha hecho bien, el Alcalde en decir esas cosas en su casa. Si las dice en el salón de sesiones se le ríen en las barbas. Lo que no puedo decir á ustedes, por ignorarlo, es qué reformas proyecta el señor Concha Castañeda. Aunque tampoco él las sabe. Se las están proyectando fuera de casa, y hasta que se las comuniquen ¡vaya usted á saber! Pero ¡vamos! lo dé que se persigue núes- tra felicidad, es cosa ségüfa: Sí a ¿Han visto ustedes la última comedia presentada por Pina? Merece verse. París fin de siglo. Aunque para cosa fin de siglo nada como lo hecho por un portugués hace pocos días. El hombre tenía mujer é hija, cosa que le estorbaba bastante, y en cambio no tenía dinero, cosa que también le estorbaba. Y ¿qué ha hecho? Rifar á laspiujer y á la hija, pero- de buena f e es decir, con papeletas donde constaba el objeto rifado, el precio de la papeleta, el día del sorteo, el nombre del depositario en fin, como quien rifa una saboneta de plata. La chica cayó en suerte á un panadero; el agraciado fué á recoger el premio, la niña protestó, y el de la rifa fué á la cárcel, gritando: ¡Señores! ¡Yo soy muy de siécle. La rifa está hecha de buena fe; aquí se juega limpio! Nada, que no puede un hombre ser reformista. -7- ¡Si aquí no se p u e d e y a vivir! Ni esto es orden, ni concierto, ni país, ni gobierno, ni seguridad pública... ¿Y á quién me quejo yo? o -a Sí ¡Anda, anda! El Sr. Carnet, Presidente de la República francesa, ha inventado una ametralladora. ¡Ay! ¡Dios se lo pague! Mejor hubiera sido inventar un buen tratado de comercio, pero de no poder ser, venga la ametralladora. Al descubrirse la estatua de D. Alvaro de Bazán pronunció el Sr. Pidal, con voz entera y. sonora (así lo he leído) un discurso. Por supuesto, un discurso académico. Y dijo, refiriéndose á la nación española: cuya misión providencial fué salvar la civilización, hija de la cruz, de la barbarie y del fatalismo orientales de la media luna. T) ¿Querrán ustedes creer que he leído eso varias veces, y no he podido sacar en limpio de quién es hija la civilización? ¡Claro! ¡Así ocurre que no llegan á académicos sino los que saben descifrar charadas! La Puerta de San Vicente ha sido reconocida como monumento artístico. Me alegro, porque yo si no lo declaran tal monumento, nunca hubiera creído que lo fuera. En cuanto, han caído en la cuenta, el primer cuidado ha sido: el pensar en conserva r esa maravilla, y para ello se proyecta desmontarla de donde está y montarla en el Retiro. Bien pensado, porque ahora está en mitad de la calle y el día menos pensado anochece y no amanece. Además, que á eso es á lo que se llaman mejoras municipales: á andar con los monumentos públicos de un lado para otro. También es esto fin de siécle. Los agentes de la autoridad han andado por las calles prendiendo á unos individuos que iban gritando: ¿Quién quiere pavos y dinero? ¡Que atrocidad! ¡Ofrecer dinero! Pero ¿le hay? 1 Lo que se debe gritar por las calles es: ¿Quién quiere pagar la contribución? Al Jefe de Vigilancia de Sevilla le han robado el chaqiiet, el chaleco, el reloj, el dinero, los documentos... ¡vamos! todo. menos la respiración. Me parece que; oigo quejarse al Sr. Jefe, (y Sdscir: ¡Qué dichosos, tamborcitos de líavidad! Hay en mi vecindad un angelito que empieza el redoble á las siete de la mañana y no lo deja hasta las siete de la noche. ¡Compadézcanmeustedes! ANDRÉS CORZÜELO.