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NOVELAS RELÁMPAGOS LA ELEGÍA DE UN ÁLAMO ¡Ya están aquí los novios! ¡Diantre de chicos! Madrugan tanto como el sol ¡Qué! ¡Si apenas acaban de irse las alondras! i Si supiera la tía Juana la granjera que lo primero que hace su hija en cuanto se levanta es venirse á charlar con el sobrino del herrador! ¡Sil íío he oído mal El le ha dicho á ella que se pasa la vida soñando conmigo, porque la re á mi sombra, y ella le ha dicho á el que yo soy el árbol de su felicidad ¡Qué buenos son! Pues ya también les quiero á ellos tanto como á mis hojas y á mis nidos ¿Qué diablos se propone hacer este muchacho con la navaja? ¡Ay, ay! Ko aprietes tanto, hombre, no seas zopenco ¡Vaya! ¡Que no caigo! ¡Ah, sil ¡Dónde tendría yo la copa! ¡Es claro! Va á escribir su nombre y el de su novia en mi corteza, en señal de que nada en el mundo será capaz de separarles Me transforman en depositario de su secreto, y para corresponder á tal pruebade cariño, yo les aseguro que conservaré eternamente su inscripción ¡Y luego que vengan las tórtolas con que son las únicas que saben amar! Ya van las ovejas al pasto Pues debe de ser tarde Por supuesto, que el mejor día les sorprende la granjera y se descubre el pastel ¡Qué hermoso día se presenta hoy! ¡Buenos días, brisa! Ya se despiden ¡Sopla, sopla, brisa, que no se oiga con mi follaje el rumor del beso! Hasta mañana. II Pues señor, me he quedado solo ¡Qué egoísta es la felicidad! ¿Por qué andará reñida la dicha con la memoria? Más de un mes hace que se han casado, y no los he vuelto á ver... Todo aquello de que yo era su árbol favorito, el álamo de sus entretelas, se lo ha llevado el viento Aun me parece estar oyendo el guitarreo del baile y las risas de los convidados ¡Yaya una boda! Lo menos se dispararon cien voladores Por cierto que todavía me duele esta rasgadura que me hizo en la copa un cohete Ni por casualidad se han acercado á mi una vez ¡Qué ingratos! No pretendo que vinieran á buscar mi sombra todas las mañanitas, como cuando eran novios, pero ya que pasan por aquí para ir al prado, ¿qué les costaba hacerme una visita? ¡Nada! Aquí me pudro en un rincón, sin que se acuerden de mí Yo debiera borrar con mis ramas los nombres que me pusieron en la corteza, mas ¡soy mejor que ellos! Helos ahí, camino de los trampales. ¿A que no se aproximan? ¡Qué sabios son los tordos, que no tienen más cariño que el de los olivos. porque se dejan engullir las aceitunas!