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CANTOS MADRILEÑOS LA NOCHEBUENA (A los lectores infantiles de Blanco y Negro Niños los que componen el rubio coro, Angelillos tostados y pelinegros, liOS de cara entre marco de rizos de oro, Los de cara entre marco de rizos negros; ¿Reís con labios rojos como las ascuas Mostrando el de esta noche vivo contento, Y venis á decirme: felices Pascuas Para que en mis rodillas os cuente un cuento? Pues vengan uno rubio y otro tostado, Y escalen este muslo como grumetes, Y otros dos se encaramen al otro lado Tomando la postura de los jinetes. Que así, bajo las galas de tanto traje, Sosteniendo la turba regocijada Cual árbol que sostiene sobre el ramaje La de blancas palomas libre bandada. Quiero de un pobre niño contar la historia. Para que en vuestras almas, que copia el día, Con el buril de fuego de la memoria La dibuje y la grabe la fantasía. Oído, y entretanto no murmuréis, Sino estad á mi acento todos callados, Ni tampoco impacientes aleteéis, Que podéis en el suelo dar enredados. Absorto ante la muerte, que no entendía. Al niño horribles penas enajenaban, Y á compás de la vida que se extinguía, Las turbas dehrantes así cantaban: Esta noche es Nochebuena Y no es noche de dormir. Que es la noche en que no hay pena Y es la noche, de reir. No comprendió el muchacho cómo decía Tal sarcasmo la copla, mirando muerta Jja madre de sus sueños, que ya tenía, Pálida cual los lirios, la mano yerta. Al contraste tremendo, rudos asombros Llenaron el cerebro del débil niño, Y salió amedrentado de los escombros Donde dejó sus sueños y su cariño. Mezclóse á las comparsas que delirantes Iban cantando alegres, locas canciones, Y sin hogar ni rumbo, calles distantes Recorrió á Dios rezando sus oraciones. Desde entonces, perdido, vaga sin madre. Duerme sobre las piedras con otros niños, Y sin casa, ni amparo, calor, ni padre. Se arropa de la nieve con los armiños. Su casa es la del cielo sublime caga; Lo que sobra á los hartos es su comida; Y se vuelven los sitios por donde pasa, Obscuros horizontes para su vida. Era un niño que en noche de Nochebuena, Solo, á su pobre madre morir veía, La única que en el mundo calmó su pena, Único ser del mundo que le quería. Al son de los panderos que en ubre cora Iban las llenas calles regocijando, É l de sus tristes ojos lanzaba el lloro Al ir los de su madre lentos cerrando. ¡Oh angelillos preciosos que me escucháis! l ara el de mi leyenda limosna os pido; Con la mano graciosa con que la dais, Dadla al niño sin madre, calor ni nido. No sé decir su nombre, ni lo sabéis, Mas puede la limosna lograr su intento; i Dádsela á cuantos niños os encontréis, Y llegará á las manos del de mi cuento! Y á reir, que primero que el sueño os eche. Quiero á gozar llevaros, mis serafines: i Jimpuñad las cucharas para la leche, Y vamos á la misa de los maitines I SALVADOR RUEDA.