Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
b ó 2 BLANCO Y NEGRO Sa está colocada, figurando en el centro el gran plato pintarrajado de Triana, en cuyos ílinan las esponjadas batatas, que mojan sus vientres en el azucarado caldo, tómala por salto la tropa menuda, y van sentándose en ancho circulo abuelos y nietos, padres é ijos, sobrinos y tíos, cuñadas y deudos más ó menos lejanos. Entremeses y aperitivos de este banquete son las orondas aceitunas, las almendras las castañas, que están todavía saltando, y tal ó cual empanada ó torta casera, que viene como de perlas para cerrar la jornada. Durante la cena se cuentan cuentos, se celebran los villancicos de Santa Inés, aun cuando no toque el órgano el maestro Pérez que inmortalizó nuestro Gustavo Adolfo; se murmura de la vecina de arriba y de la del lado, y se pone á prueba la paciencia de los más quisquillosos, convirtiendo las almendras y las aceitunas en proyectiles certeros. Entretanto, la calle resuena con alegres rumores. Son los impacientes que aguardan cantando y bailando al aire libre el primer toque de la celebrada Misa del Gallo. Repiquetean las castañuelas, suenan las zambombas, chocan sus estridentes sonajas los panderos, retiemblan los platillos y suben los cantares al cielo. De vez en cuando todo aquel barullo se apaga como si una batuta fantástica diese á los músicos rápido compás de espera: es que corre la botella del aguardiente de mano en mano, y los gaznates se remojan para atacar las notas con mayor brío, u n a música apaga la t. i otra; esta ronda arrolla aquella; los que van y vienen se confunden en un mismo punto, formando atronalor remolino; la luz de los faroles rompe de vez en cuando iquel montón de obscuras siluetas, y sus. insuficientes rayos ái destacan por grados líneas originales y formas graciosas, que se pierden de nuevo en la penumbra de las callejuelas. Allá arriba se han levantado los manteles; los cerebros, cay liantes con el anisado ó la manzanilla, piden un rato de solaz, y se organiza la fiesta intima. Allí es de ver cómo la airosa ioven coloca la zambomba entre sus faldas y fatiga al carrizo, para que el ánfora, cubierta de piel, lance sus ronquidos ásperos y desapacibles, como los del sátiro griego: allí es de ver cómo la anciana, recordando sus antiguos tiempos, desentierra la canción del caracol que lavaba á la orilla del agua, y lleva la voz cantante del clásico villancico que corean cuantos alrededor se hallan; allí es de ver, en fin, la ágil moza que repica las castañuelas, el vejete fauno que se ha fabricado un ruidoso instrumento de cañas, las jóvenes que charlan con sus novios recatándose tras los muros de pergaminos de los adufes, y las Quintañonas que dormitan en los rincones ó acarician al gato que se estira junto al fuego. La zambomba es la reina de la fiesta, y es la que presta á las nocturnas veladas de Pascua y Nochebuena su carácter propio. Instrumento esencialmente casero, está al alcance de todas las. fortunas, y lo mismo levanta la voz en el tugurio que en la limpia cocina del labrador acomodado. Un cangilón de noria, una maceta cuyas plantas secaron los vientos traidores de Diciembre, una talla de Triana, que lució sus asas pintadas en el alcarracero, cualquier trozo de piel ó de pergamino, sirven en, estos casos á maravilla. El seco carrizo, que ya no recuerda aquellas hermosas tardes de estío en las que miraba correr el agua y hacerse el amor á los verderones y á los jilgueros, hállase coronado de sonajas, lazos de cinta y dorados cascabeles, y sembrado, sin saber cómo ni cuándo, en algún privilegio de D. Pedro el Cruel, que escapó de las manos de los anticuarios rebuscadores. La empresa de hacer resonar estos instrumentos es por demás difícil, pues se da el caso de que la zambomba alcance desmesuradas proporciones; por esto durante el ve rtigo de sus ronquidos, toman fuerza tocadores y tocadoras, consumiendo sendos pedazos de pasta con su aditamento, de aguardiente.