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BLANCO Y NEGRO 525 -Cuando nos le ponemos nosotros mismos. -Mire usted, don Hermógenes, no había caído en eso. AI gorro que me compre le voy á poner un letrero que diga- Nadie le mueva que estar no pueda con Bonetillo á prueba. ¡Hombre, aliora caigo en que elapellido de usted le predestina á gorro perpetuo. ¡Señor don Hermógenes, ínecstá usted faltando! Repare usted que mi apellido á lo que me arrastra es á una mitra. -Pues si quiere usted evitar equívocos, cómprese usted una gorra que parezca una mitra, u n a montera murciana, por ejemplo. Aunque esa es gorro. -Pero ¿no hemos quedado en que no sabemos lo que es gorra? Acompáñeme usted á casa del gorrero, á ver si él nos saca de dudas. -N o tengo inconveniente, aunque bien níirado, como yo no voy á comprar nada, voy de gorra. -V a usted en carácter. -N o señor, porque la giorra no me entra. -Veremos si aquí h -y alguna que le esté á usted bien. -No me comprometa usted señor de Bonetillo. -Mire usted si hay gorras en esa anaquelería. -Gorros, habrá querido usted decir. -Gorras, dispense usted, que esas son para los civiles. -Y son iguales á mi gorra de viaje. -Ahí tiene usted las gorras. ¿Vé usted lo que yo decía? Con barboquejo y visera. -Pues aquí las tiene usted de rata, sin barboquejo, pero con visera. -Pues aquilas tiene usted de cuartel, sin barboquejo ni visera, -Falsificaciones de la gorra. -O del gorro. -De modo que después de hacer un estudio del natural, una experiencia positiva, después de ver y palpar estas prendas para yestir la cab 3 za, tan humildes que ni siquiera tienen alas, no sabemos distinguirles los sexos. -Vaya, cómprese usted la montera murciana y así sabrá usted lo que se pone. -Venga la montera, y venga también un gorro de dormir; el padre de los gorros, el verdadero y legítimo gorro el más honrado, pudoroso y pulcro de todos los gorros. ¡El gorro virginal, que protege la más dulce de las funciones de la vida: el sueño! Este es aquel de que dijo Eeybaud, al comenzar la historia de Jerónimo Paturot: El uso del gorro de algodón no es una de esas instituciones efímeras destinadas á desaparecer con la civilización que los vio nacer. Este es el que resalta, á guisa de trofeo, al frente de esa historia, con el pomposo lema: Au Bonnet du Grand Romantique. ¡El gorro de Víctor Hugo! Figúrese usted, don Hermógenes, ¡yo con el gorro de Víctor Hugo! Y a veo que le sugestiona á usted ese gorro, señor de Bonetillo. Estoy viendo que esta noche se despierta usted soñando qué es usted el propio autor de Los Miserables, y corre en camisa y gorro de dormir á disparar una oda al gorro, que le inmortalizará. -Y entonces me elegirán académico. ¡Magnífico! Asi podré hacer distingos provechosos entre el gorro y la gorra. -Pero ¿no hemos quedado en que no sabemos lo que es la gorra? -Ya verá usted; propondré á la Acaderaia que publique el Diccionario con figuras explicativas, y asi entrarán por los ojos las definiciones. ¡Hombre, un Diccionario con monos! ¡Va á parecer el catálogo ilustrado de un bazar de ropas hechas y artículos de quincallería 1 -Déjelo usted, así sabremos si lo que nos destina la Academia es gorro ó gorra. JOSÉ RAMÓN ME L I D A.