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EL GORRO Y LA GORRA (Diálogo de guardarropía) ¿Á dónde va usted tan apresurado, señor de Bonetillo? -i Oh, amigo don Hermógenes! íío había visto á usted. Voy á comprarme un gorro. ¡Un gorro! ¿De dormir? ÍÑTo, señor, de andar por casa. Cómo se conoce que hace ya bastante frío y que tiene usted poco pelo. -ÍTo me avergüence usted, señor don Hermógenes; hable usted en plural, que usted tiene también su calva, aunque honesta, quiero decir, cubierta. -Si, señor, yo también vivo de gorro. -De gorra querrá usted decir, señor don Hermógenes, porque con la hipocresía de la calvicie no le pagamos el sombrerazo á nadie. Veo que el buen humor le luce á usted más que el pelo, señor de Bonetillo. Pero vamos á ver; ahora le voy á poner á usted á prueba, á ver si usted diferencia de sexos en clase de gorros. ¡Cómo! ¿Qué entiende usted por gorra? ¿Qué es la gorra? ¿La gorra? La mujer del gorro. -Si no hablamos de parentescos. Quiero decir que el Diccionario de la Academia á mí no me satisface en lo tocante á gorros y á gorras. l í i á mí tampoco. Dice así: Gorra: Parte del traje ó vestido del hombre, que cubre la cabeza. -Como el sombrero de copa; siga usted. -íiGorro; Pieza redonda de tela ó de punto para cubrir y abrigar la cabeza. -Por ahí va más derecho; pero si dijera que carece de alas- -Estaría ya diferenciado del sombrero, es verdad. Pero ¿y la gorra? -Eesulta una palabra de ídem en el Diccionario. -lío, señor de Bonetillo, porque repare usted que la gorra siempre tiene cintas para sujetarla. Las de los niños- -Es verdad, cintas, sí, señor, ó barboquejo, como las de pelo de los granaderos. Aunque aguarde usted, las gorras con galón dorado de esos semidioses extraoficiales que se llaman porteros de los establecimientos públicos- -Tienen su barboquejo, aunque no le gastan los interesados. -Dispense usted, algunas no le tienen. -Serán gorras degeneradas. -Pues ¿y las gorras de los ratas chulos y demás gente flamenca? -Don Hermógenes, el toque de la gorra debe estar en la visera. ¿Y entonces las de las criaturas de pecho? ¿y las peludas de los granaderos? -Pues le digo á usted que no lo entiendo. -Ni yo tampoco. Fo no he digerido la gorra. -Si le pegan á usted mufchas, acabará usted dispépsico del bolsillo. ¿Y Ho le choca á usted otra cosa? ¿Por qué, si la gorra es prenda de hombres, ha de ser femenino? -Tiene usted razón; á los hombres no nos pega más que el gorro.