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BLANCO Y NEGRO 517 Bien conocidas y debidamente apreciadas son sus notables campaSas en el elegante teatro de la Corredera, y es el momento de señalar un progreso realizado por este actor en los dos últimos años. Euiz de Arana habíase distinguido siempre como galán joven (en la comedia y en él drama) abarcando, además, todo lo qué entra en el género íi iffcí y cártcflíwmcí; pero no habiá abordado, quizá por nO tener ocasión, los llamados pápeles de carácter, eso qae en la Jerga de hsiitidoie. a te llsLiaairabajo de jieluca, La prueba está hecha con excelente resultado. E l TÍejecito alegre y vivaracho de íÉMor (TOÍíí- Mfflííorjés un característico perfectisimo, El coronel León, viejo áspero yrudo de Xos iTííáfOííoíís, que viene á ser como una antítesis del personaje antes citado, es también- uña feliz creación de Buiz de A raiiá en el llamado géñerodé. pellica. Se ve, pues, que así los papeles de jóvenes couio los de viejos se adaptan á sus facultada artísticas, y que; por esa flexibilidad de su talento, es de grandísima utilidad en cualquiera compañía, singularmente en la de. Lara, cuyo marco és elmás apropiado á sus condiciones estéticas. i. Tal es- el actor, salvó alguna que otra exageración en el género marcadamente cómico. Como persona pasa plaza de díscolo y en ocasiones parece que o es. Para expresar gráficamente la vivacidad, de su carácter y la irritabilidad de su temperamento, diríase que Buiz de Arana es un manojito de nervios. siempre en tensión. No conoce el arte del disimulo más que sobre lá escena. Piensa en. alta voz, y sin temor dice lo que piensa. Caviloso y suspicaz hasta la exageración, funda un agravio en la punta de un alfiler, y arma una querella en el filo de una espada. Sin el freno de. la educación, que la ha recibido muy esmerada, seria intratable algunas veces. Ante la irresistible necesidad de gastar en la lucha ese fluido nervioso con que ha, sido tan espléndidamente dotado por la naturaleza, el hecho más sencillo y casual, si le afecta lo más mínimo directa ó indirectamente, reviste para él los caracteres de gravísima intriga realizada en su contra con premeditación, alevosía y ensañamiento. Con todo lo cual se pone por las nubes. Claro está que tres horas de calma ó una noche de por medio en c a d a u n a de estas cuestiones, cambia totalmente el aspecto de las mismas; la reflexión se abre paso á través de la nerviosidad, y ya en frío, conoce la razón como el hombre más razonable de la tierra. Sabiéndole llevar el genio, se hace de él lo que se quiere; pero no todo el mundo está obligado á estudiar el carácter de las personas que trata, y el que más y el que menos tiene también, para su uso particular, snsigenialidadés y nerviosidades respectivas. -Esas condiciones de su carácter le han ocasionado, y han de ocasionarle aún, algunos disgustos, por más de que, según tengo entendido, se va modificando (en lo que cabe) la nerviosa impresionabilidad de Su temperamento. Nadie ganará tanto como él en esa modificación, No carece de ingenio, y en la esgrima de la conservación posee como pocos el don. de la acometividad. Allá va una anécdota que lo prueba: Actuaba un verano en Sevilla la compañía de Lara, y se sabía entre los cómicos que la Empresa no contaba para la temporada siguiente con uno délos principales elementos de la compañía mencionada. E l interesado, que lo sabía también, estaba muy mortificado por esa causa; y, bien fuese por amor propio, ó ya relatando la verdad, llegó un día al ensayo diciendo lo siguiente: -Tengo varias contratas; pero la que más me conviene es la de tal punto, donde me ofrecen quince duros diarios. A lo cual replicó Buiz de Arana, afectando la mayor ingenuidad: -Y ¿qué compañía Va usted á formar con quince duros? Esta saliá- a provocó una carcajada general, la anécdota ha hecho fortuna, y el agredido recibió una herida gravísima en su vanidad. En lo tocante al cumplimiento de sus deberes profesionales, no tiene pero. Una vocación siempre creciente y una afición decidida, le mantienen en constante actividad y en laboriosidad perpetua. Es uno de los actores más estudiosos que se conocen Jamás se ha dado el caso de que Rniz de Arana salga á estrenar un papel sin saberlo de memoria. Pero no se limita á esto su trabajo, que, en verdad, no seria digno de encomio por esa sola circunstancia. Aquello de (á papel sabido no hay cómico malo hay que tomarlo en un sentido muy relativo... sin confundir el actor con el loro. Arana hace un estudio detenido del valor real de cada concepto, y otro estudio, más detenido aun, del carácter del personaje que ha de representar, llegando por ese medio á penetrar el pensamiento del autor. Si á esto se agrega que no omite gasto ni sacrificio para vestir y caracterizar los personajes que interpreta, se explican desde luego sus éxitos notables. Q u i en, alguna ocasión, por exceso de celo, extrema y recarga los detalles al caracterizar tipos de mucho relieve; pero más vale, en ese sentido, pecar por carta de más que por carta de menos; porque lo peor en el teatro es quedarse corto, teniendo en cuenta que allí se juzga por impresión momentánea. En él se cumple aquello de todo por el arte