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CANTOS MADRILEÑOS DEL PUEBLO Á LA CORTE En el talle luciendo galas y prendas, Y. álos lomos cerriles de una potranoii, Con su tío Andurriales, que es de Alcobendas, Vino la flor más linda de. Polvoranoa. Quiso ver los Madiiles haciendo dengues, Y por mejor rendirles pleito homenaje, Se colgó lazos, plumas y perendengues Y vino hecha una reina tosca y salvaje. Es chata la vistosa polvoranqueña, Y ella está en el engaño de que es divina: Tiene la tez quebrada y aoeituneña Y en dos partido el labio, porque es boquina. Lleva una pañoleta de cien colores Hecha por ella misma con mil estambres, Y en los ganchillos luce como primores Cuentas de vidrio presas en los alambres. Vela sus recios brazos ennegrecidos Entre bordados, charros por lo flamencos, Y los pies de la moza, que son crecidos, Van en los dos zapatos como en dos cuencos. Ocho pares de enaguas huecas y orondas Lleva atadas al cuerpo por rico empaque, Y bajo de las sayas y de las blondas La cúpula grandiosa del miriñaque. Colgóselo gozosa, por más que antigua Fuese la inflada prenda, dócil al tacto, Para honrar á su abuela, seca estantigua. Que en herencia dejóle tal artefacto. ¿Vamos á la comedia, chica- -le dice- -Asina que escancemos y que cenamos? -Sí, que quió ver la fiesta que llaman Pripe Pa que luego contemos lo que miramos. Y los dos, de ellos mismos quizás no ciertos, E n el Mesón del Peine dan admirados, Con los ojos redondos, grandes y abiertos Que tienen los mochuelos embalsamados. -Verás- -dice á la moza- -por más que es cara, Qué comía nos ponen ¡cosa prefetal Ca uno en plato aparte con su cuchaüa; Y á modo de babero lá servilleta. Un arroz y unas uvas fueron banquete De los recién llegados al centro y corte; X él palillo entré l hiosyide iracete, Echaron a l a calle su egregio porte. A la estrecha, de Postas, no muy distante. Fueron á dar unidos en un momento, Y los llevó á la Pi erta del Sol gigante La vorágine inmensa del movimiento. Dejaba; por loscielos ensangrentados El crepúsculo triste notas disúeltas, Y azules terciopelos, de oro manchados, Inflamaba e a l a lumbre de franjas sueltas. Telefónicos hilos red esplender) te Alargaban, cruzando sobre el abismo, Y eran en la estruendosa ciudad ¿irviente El sistema nervioso del organismo, Tornaban de los anchos, grandes: paseos. Por los normandos troncos arrebatados, Los rápidos, yejiíoulos; con sus arreoa, Rechinantes hebillas y aros dorados. Ya el ouadro obscnrecido por lumbre incierta. Llenábase de leve, flotante bruma, Y desgajaba en tazade ondas cubierta La fílente su ramaje de luz y espuma. Pictórico de gente, congestionado. Todo se entremezclaba sin armonía, Y en medio de su marcha paralizado, Su pitido estridente daba el tranvía. Las luces, en sus urnas aprisionadas, Débiles se inflamaban una por una, Y los arcos voltaicos sus mil espadas Vibraban como azules lampos de luna. Y un vals alado, alegre, vivo, brillante, Que lecordaba el bello y az- ul ÍDanuMo, Lanzaba un organillo con son vibrante Mientras fingía el cielo rojo Vesubio. -Vamos, sube aquí arriba- -dijo indulgente El tío desde un Mippert que ya partía; Ella pisó el estribo tirando gente, Y entrar quiso y sentarse, mas no cabía. Llegando á la taquilla por entre- coches, Bl; iómbre, en la cintura la mario puesta, Dífó cuando hubo dado las buenas noches: -Vengan dos papeletas pa mí y pá ésta. Regateó, tomólas refunfuñando; Eran dos sillas; paso luego se hicieron, Y. por entre la gente, como nadandoj Aliado de la pista comparecieron. Quiso ir ella á su asiento, mas cosa vana; dskfé de un caballero cogida al fraque, Y cual badajo dentro de la campana. Rodó su cuerpo dentro del miriñaque. Fué grande la algazara si el lance tonto, Y una dama elegante clamó: ¿Qué ha sido? Y un andaluz con gracia dijo de pronto: La cúpula e Zan Pedro que za caído I SALVADOE ÜUEDJL