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UN CANDIDATO (Apunte del natural) -Me gusta bebería en el manantial, porque está á mejor temperatura; calentucha me repugna. -Nunca está caliente; por eso es la más agradable de todas las gaseosas. Vea usted, vea usted cómo fermenta en cristalinas burbujas el ácido carbónico! ¿No toma usted otro vaso? -Después de pasear éste. -Tiene usted razón; daremos una vuelta por el Parque y verá usted una verdadera maravilla. A la derecha, bosques de eucaliptos y naranjos; por todas partes, alamedas de. gi gantescos plátanos, catalpas y frescos alibustres; calles enteras de bananeros y ñames; más de un túnel de rosas que trepan por las acacias y casuarinas, y en el kiosko un derroche de plantas raras. -Todo eso es debido al buen temperamento de este clima. -Y o diría que al del propietario de las aguas y del Parque. -Porque tiene usted esa chifladura; pero yo estoy por lo positivo mientras usted se extasía delante de un yeriajo, yo acaricio la idea de hacer navegable por aqui el Guadalquivir; y si no fuera por ese maldito puente- ¡Oh! No blasfeme usted; una obra maestra de- -Sí, hombre, si; j a sé que es de los Romanos, de Carlos Magno. Estoy yo muy enterado de la tipografía del país, y conozco todo el mérito del puente. Usted quizá no sepa que los franceses le prendieron fuego para cortar el paso á ias tropas que venían de Villanueva, y como es tan sólido, ni siquiera se resintieron los petriles. ¡Señor D. Severo, tiene usted un lenguaje tan original, tan florido! -Quite usted allá; yo daría cualquier cosa por poseer esa sal ética que tienen ustedes los andaluces. -Señor D. Severo, ¿usted por aquí? -Sí, amigo- mío; vengo á carenar un poco esta salud. -Efectivamente; le encuentro á usted algo desmejorado: Cuando le vi aparecer por el fondo de la galería, apenas le conocí. ¿Y de qué padece usted? -Cólicos apáticos. -i Cómo dice usted? -Sí, hombre, del hígado. ¿Y usted? -Yo diabetes; pero estoy mucho mejor desde que tomo estas aguas. -Son prodigiosas para esa enfermedad y para todas. Mi hija se curó aquí de una anémona de esas que padecen las muchachas. -No creo yo que todo lo curen, pero tienen buenas propiedades. ¿Ya lo creo! como que son bicarbonatadas, ferruginosas, lactánicas- -Litinicas, habrá usted querido decir. -Hombre, si hubiera querido, lo hubiera dicho. -Pues nada esperaba yo menos que el gusto de verle á usted ahora. Le suponía concluj endo sn palacio. -Ya le acabé; á fuerza de dinero se consigue todo, y sin faltar ni un día de allí; así que con las humedades cogí unos dolores de asiáticasqvíe me baldé. Qué quiereusted! cuanto más rico, más achacoso. Todo no ha de ser completo. Pues ahora me he metido en otra obra- ¿A pesar de las asiáticas? -Estoy construyendo un solideo de mármol, que da gana de morirse para estar en él. ¿Pero no vamos á beber? -Tendré mucho gusto en acompañarle. ¿De dónde prefiere usted el agua? ¿de San Luis ó de la Rotonda?