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I á 5 ttií k Una dé las reformas más importantes, que debieran eniprender los municipios de Madrid, si realmeíitese interesaran por nosotros (cosa que m e permito po, ner en d u d a) es la supresión de las, esquinas de lá capital. 1 Ya sé que me dirán que mientras las manzanas de casas sean rectangulares no Habrá más remedio que tolerar las tales esquinas; pero, en íin, yo señalo. los inconvenientes, y puesto que á veces forman parte del Ayuntamiento algunos sabips (así por lo meno lo He oído decir) á. ellos les toca resolver el problema. Antes las esquinas tenían su razón de ser. Servían para fijar en ellas los carteles que anunciaban las funciones de los teatros, y á ciertas horas del día las esquinas se. poblaban de. cuHosos que. iban, á. elegir, en- tre pasar la tarde en La Pata de cabra 6 ir á la corrida de novillos si había mojiganga y función de pólvora y chotos embolados para los aprendices de papelista ó de carpintero. Hoy que, con buen acuerdo, se han suprimido las esquinas empapeladas y el biombo áe. La Anunciadora ha recogido los carteles de teatro, y el prospecto distribuido al transeúnte anuncia dónde hay cubiertos á peseta con vino y postres, y trajes á seis duros, de color tornasolado, las esquinas resultan inútiles y son un estorbo para el que va tranquila y apresuradamente á sus negocios. Hay personas á quienes las esquinas prestan todavía buen servicio, y que serán enemigas de mi proyecto. No lo dudo; pero en asuntos de interés general, el interés particular debe ceder. De día utilizan las esquinas ahora los vendedores de periódicos en primer lugar, y los expendedores de cerillas en segando término. Á veces también se apoderan de los ángulos, los vendedores de frutas ó los que tienen un comercio con diversida, d de géneros y unidad de precio: A elegir, á tres perras chicas la pieza. Yo deseo que el comercio viva y que prospere, pero deseo también que no me estorbe, y eso de estar expuesto á caer de bruces en una cesta llena de bisutería barata, ó en una banasta de fruta, maldita la gracia que me hace. Si ustedes lo observan cuidadosamente, apenas hallarán una esquina en Madrid de la que no haya tomado posesión alguna persona. A veces es un sujeto ciego (natural ó imitado) que se ha dedicado á la música, para cuyo arte parece indispensable no ver gota. ¡Desgraciado el vecino que tenga cerca una esquina con ciego filarmónico! Ya puede considerarse condenado á los ayes prolongados de un violín desafinado, á las notas nasales de un figle lleno de grietas, ó al desagradable rasgueo de urta guitarra desvencijada. En otras esquinas, sientan sus reales los vendedores de lotería. ¡Qué garganta tan afilada si la que vocea es mujer! ¡Qué voz tan aguardentosa si es hombre! Y ¡qué martilleo de palabras! Hoy es último día de billetes! ¡mañana se sortea!