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BLATTOO Y no arrastra á todo el mundo, y el de El Cencerro. que es necesario confeccionar manjares para todos los gustos. Aunque parezca hiperbólico esto último, desde su humildísima esfera ha contribuido bastante á la ilustración relativa de la clase ínfima de nuestra sociedad. Muchos agnadores, cocheros, mozos de cuerda y demásv. gente de escalera para abajo ó de puertas afuera, saben hoy leer gracias al periódico y al almanaque que halagaba SU; paladar y cautivaba su atención. Ciertosque. el medio no se distingue por su cultura; péroitariibién es cierto quede haber sido de otro modo, no habría conseguido su objeto. Los niños también han tenido, hasta hace poco, puntualmente su almanaque; pero á aquéllos, más aficionados á las trompas, á la. pelota ó los confites, no debe oxigirseles nada por el abandono en que dejaron los esfuerzos de ios confeccionadores de sus libros anuales, más que á los padres, fomentadores de sus gustos pervertidos, é incapaces para apreciar dónde concluye la intoxicación de un dulce repleto de almazarrón, y dónde empieza la bondad de un volumen literario. ¿Quién puede adivinar los secretos que encierra entre sus hojas un almanaque? ¿Quién llegará á arrancar la última? ¿En cuál de ellas podremos, á manera; do efeméride, anotar un suceso feliz de nuestra vida? ¿Cuál será la última que desgajemos? Sólo Dios sabe Si tú tendrás más vida Que este almanaque se decía en cierta ocasión Mareos Zapata, mirando completo el taco del Almanaque colgado en su habitación. Hasta que por nosotros mismos veamos todo ello, entretengámoiios en celebrar los chistes de todo color y todo ingenio que encierran los almanaques de libro, ó que en los de pared van impresos detrás de cada hoja; en quebrarnos los sesos con sus jeroglíficos, cuya moda nos hace envidiar la escritura figurativa egipcia, y en adivinar sus charadas. Porque al fin y al cabo, ¿qué es la vida más que una charada indescifrable? CARLOS O S S O I Í I O Y GALLARDO. NÜSEO 503 QUIEN ESCUCHi, SU MAL OYE, por Eojás.