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502 BLANCO Y NEGRO oandorosa- -según lo reclame el carácter ó la situación- -y una naturalidad que se confunde con la verdad misma. Todo eso en grado máximo y dentro siempre de un arte exquisito. Después de algunas escapadas á provincias y á otros teatros de Madrid, ha vuelto á Lara, donde contribuye en primer término á que el elegante teatro de la Corredera de San Pablo sea un teatro de forma, donde se rinde culto al arte y se congrega con predilección la buena sociedad madrileña E l largo espacio que media entre la muerte de su madre y su venida á Madrid, está para ella sembrado de privaciones y regado con lágrimas. líesulta interesante y cormiovedora la figura de esa pobre niña recorriendo los teatros de provincias con su padre anciano y enfermo, con pocos recursos, sueldo mezquino, contando siempre con la contingencia de una quiebra y el estancamiento en un pueblo desconocido, y sometida, en fin, á la vida penosa y dura que sufren, en lo general, esas compañías. r todo esto en la edad de los sueños, de las ilusiones, de las dulces esperanzas y de las bellas quimeras que llaman imperiosamBnte al corazón de la mujer en las primeras luminosas ráfagas del alborear de su existencia La decoración ha cambiado por completo. Pasaron los días de prueba: su espíritu superior logró vencer los rigores del destino, y al presente puede y debe considerarse feliz. Ks una primera actriz de verdad, de firme y sólida reputación; está casada con un actor distinguidísimo y de los que pudiéramos llamar de moda- -hombre simpático y cumphdo caballero; -es objeto de justas consideraciones en el brillante circulo de su esfera de acción el presente le sonríe y le pertenece el porvenir. Todo se lo merece por su talento, por su abnegación y por sus dolores pasados. Si alguna vez vuelve la vista á los tristes días de su niñez, no podrá decir con el poeta: Cualquiera tiempo pasado Fué mejor. y hasta n eso d muestra, aun á pesar suyo, ser una mujer excepcional. CÓECHOLIS. LOS ALMANAQUES Sobre M a d r i d sobre E s p a ñ a sobre E u r o p a entera ha caldo ya la lluvia de almanaques eou que anualm e n t e y por anticipado, obsequian al público los aficionados á adelantar los acontecimientos. E l comercio de almanaques es uno de los m á s productivos que pueden emprenderse. C u a n d o los momentos actuales llegan, la h u m a n i d a d como si sobre ella no pesaran los a ñ o s desea aspirar la vida de un año nuevo, creyendo adivinar en él u n lenitivo á sus sufrimientos, como el tísico ambiciona los primeros efluvios de la primavera que ha de carenar sus pulmones tuberculosos, y adquiere y se recrea en los almanaques correspondientes al año venidero, pretendiendo hallar entre sus hojas la señal que ha de marcar el rumbo incierto de sus felicidades soñadas. L o s periódicos, obsequiando á sus suscritores con los almanaques que forman la galantería de sus redactores, los amigos de sus redactores y los amigos de estos amigos, han contribuido á la creciente afición que por aquéllos se h a desarrollado, y ya no hay periódico, sobre todo literario, que al dar comienzo el raes de Diciembre no baya llevado por esas calles y librerías de Dios su correspondiente almanaque de mayor ó menor t a m a ñ o y mejor ó peor g u s t o Seria tarea larga enumerar los almanaques q u e ya en M a d r i d ya en provincias, ven la luz pública. Cada clase social, como tiene sus círculos, sus teatros, sus paseos y sus periódicos, tiene sU almanaque. L a d a m a elegante, la costurera, el gourmet, el literato, el religioso, el libertino, el estudiante, el artista, el cochero todo el mundo puede hallar el almanaque que mejor responda á su idiosincrasia. E l que publica La Ilustración Española y Americana señala, como las primeras hojas verdes anuncian en los árboles la entrada triunfal de la primavera médica, la entrada en el invierno literario; el íroíAa demuestra, llevando el alza y baja en las familias poderosas, que la muerte y la vida se disputan su contingente lo mismo VCL las esferas de oro que en las de la miseria: el del Sagrado Corazón de Jesús prueba que el de El Motín