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BLANCO Y NEGRO 501 Lara. Figuraba en aquella lista (pn cuarto ó quinto lugar) Matilde Eodrlguez, nombre totalmente desconocido para mi. ¿Quién es Matilde Rodríguez? -pregunté á un actor de aquella compañía, -Una actriz de provincias; andaluza; rondeña, según creo. -Y ¿qué tal es? -No la conozco de trabajo; pero tengo entendido que es una ¿amiía. aceptable. Eso era todo lo que yo sabía de Matilde Rodríguez al comenzar aquella temporada. Esta picara afición que he tenido desde muchacho á los bastidores- -y que creo que morirá conmigo- -me llevó á los de Lara desde el día de su inauguración. Un anciano venerable, de barba y cabellos blancos, encorvado y de aspecto doliente, coincidía conmigó en aquel sitio, me miraba con particular atención... y á veces parecía que deseaba decirme algo. Una noche se me acercó, por fin, é hizo su propia presentación. ¡Qué sorpresa! Era el Sr. Eodríguez, el actor que yo ha- bla conocido en Málaga. -Estoy maravillado- -le dije. -No es usted ni sombra de lo que fué, y el tiempo le ha jugado una mala partida, andando para usted más de prisa que para otros: usted no tiene la edad que aparenta. -Las penas, las inquietudes, las enfermedades... ¡Estoy muy enfermo! -me contestó. ¿Y aquella niña que yo vi en Málaga? -Es ésta. Y señalaba hacia el escenario. El Sr. Rodríguez me habló de la muerte de su esposa, dé su retirada del teatro por tal motivo, de los, apuros que, había pasado para criar á su hija, de cómo ésta se había hecho actriz, de sus peregrinaciones por los teatros de provincias... y de veinte cosas más Matilde Eodríguez, que el año 80 era ya una actriz formada y distinguida, cayó mal en Lara. Venia muy delicada de salud, traía un equipaje muy pobre, no la conocía nadie y estuvo durante algún tiempo representando papeliichoSBin lucimiento y sin importancia. Béoquer habla, en una de sus más inspiradas poesías, del arpa que yace olvidada en un rincón y que espera la mano de nieve que venga á arrancar de sus cuerdas las notas brillantes allí dormidas. y exclama, por último, el divino poeta: icnántas veces el genio Ásl duerme en el fondo del alma, Y una Tpz, como, Lázaro, espera, Que le diga: ¡Levántate y andal Matilde Eodríguez no esperaba una voz ni una mano de nieve: esperaba un papel en que pudiera demostrar su talento y el papel no llegaba. Por una csrnel ironía de su entonces triste destino, en lugar de un papel llegó una canción, y el nombre de Matilde Eodríguez fué popularisimo en muy poco tiempo. El público recuerda, seguramente, la canción de la Safa, intercalada en el saínete Be Cádiz al Piierto, y cantada por Matilde Rodríguez con un estilo, un gusto, una delicadeza y una gracia de que no hay ejemplo. La canción de la Sata contribuyó grandemente al éxito de la citada obra, y fué, acaso, el motivo principal del crecido número de representaciones que alcanzó. í Cantantes de profesión, tiples de zarzuela, han ejecutado después la canción mencionada y, dicho sea sin ofensa de nadie, no han llegado, ni con mucho, á los primores de Matilde Rodríguez. Triste debió ser para la artista salir á la superficie por tan extraño medio; mas como el caso era salir y el Objeto se consiguió, creo que debe guardar una secreta benevolencia á esa canoioncilla de su tierra, que fué la voz ó lá mano de nieve de que habla el insigne Bécquer Al final de aquella primera temporada de Lara murió el Sr. Rodríguez, padre de Matilde. Aparte el dolor agudo que debió sentir como buena y cariñosa hija, los horizontes de su vida habían cambiado. por su propio y único esfuerzo. El hielo estaba roto, el camino llano, la actriz descubierta. Hizo una temporada en Barcelona con EmiUo Mario, y entusiasmó al público de la capital del Principado, figurando ya como primera actriz. En Madrid, y en el teatro de la Comedia, ha heeho verdaderas. creaciones y ha conseguido triunfos brillantes. En DemiMonde, Georgina, Las Señoritas, Los Dulces de la Jotóyotras obras no menos difíciles, ha llenado por completo los deseos del público y de la crítica. Creo que es una de las actrices de más talento que hay en España; y en lo tocante á sus medios ostensibles de expresión, la primera, en mi concepto. Tiene flexibilidad bastante para entender y ejecutar todos los, géneros. Voz de timbre agradabilísimo, sensibilidad exquisita (verdadera ó fingida, que eso á mi no me importa ni alpúblico tampoco) intención satírica, gracia picaresca ó