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LAS ACTRICES ESPAÑOLAS MATILDE RODRÍGUEZ tí 1- La primera vez que TÍ á Matilde, sin andarme por las ramas la di dos ó ti es besos, la tomé en brazos, la senté sobre mis rodillas y envié por unos dulces para obsequiarla. No se escandalice el lector: Matilde era entonces una niña de cuatro ó cinco aiíos, preciosísima y angelical. Esto de los besos y los dulces ocurrió en Málaga hace muchos años. Yo era á la sazón un poUuelo que rexóloteaha por los bastidores de los teatros y escribía sueltecitos en los periódicos de la localidad, elogiando incondicionalmente á todas las actrices bonitas. Matilde era hija de la notabilísima actriz Catalina Larripa, que actuaba por aquel entonces en uno de los teatros de Málaga: actriz de excepcionales facultades para el drama y la comedia; para el drama trágico, sobre todo, siendo además una inspirada escritora. Su magnífico drama La Peña de los enamorados, estrenado en Málaga con éxito brillante, es buena prueba de lo que digo. El Sr. Eodríguez, marido de la señora Larripa, era el barba de la compañía, y en honor á la verdad, no valia lo que -u esposa, artísticamente considerado Poco estudioso, y distraído en escena solía decir en El Zapatero y el Rey versos de Guzmán el Bueno, y viceversa, ó improvisaba, con habilidad pasmosa, tiradas de romances ó redondillas cuando no oía al apuntador ó perdía por sus distracciones el hilo de la obra. Era un hombre agradable y de buen humor. Su mujer valia por los dos, y el piiblico estaba satisfecho. Un largo espacio de tiempo, algunos viajes al extranjero y una vida por dom ás difícil y accidentada, habían boiTado de mi memoria el recuerdo de Catalina Larripa, de su marido el Sr. Eodríguez y de aquel diadlillo de cabellos de oro, mencionado al comienzo de estas lineas. Era el año de 1880 y se hablan fijado las listas de la compañía que iba á inaugurar el teatro