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SOS Seguramente los habrán visto ustedes en esas calles, en los cafés, en algún teatro. Van dos, siempre juntos, envueltos en largos sacos de color de ceniza, que parecen capotes de uniforme. Gorras como las que usan nuestros soldados para ¡a mecánica en el cuartel. Pantalones anchos y botas de campo. Marchan los dos á compás y apenas cruzan algunas palabras. Son dos hombres gigantescos, de tez curtida y rubios. Usan barbas como de manguitería. No parecen ingleses, ni franceses, ni alemanes, ni italianos. Y no lo son, efectivamente. aute ntica á sus gabanes, para abrigar á los transeúntes. Pieles de Marta y de Lucía de Lamermoor. Asi dice la gente que osos dos gigantes rusos pertenecen á una asociación para el fomento de la cría de pulgas en Europa. ¡Qué invierno nos aguarda si cunde el uso de pieles! La presencia de los dos rusos en Madrid ha cansado cierta intranquilidad en las masas. ¿Serán rusos legítimos? -pregunta un caballera muy mosqueado. ¿Que se yo? ¿qué se yo? -duda otro. -Más me parecen nihilistas que legítimos. ¿Y si fueran oficiales del ejército, encargados do levantar planos de nuestras fortificaciones y de nuestras casas? -Y de nuestras familias tal vez, -Su aspecto es temible. ¿Cuál de ellos es San Alejo? -preguntaba un torero ilustradito. -Particularmente el más alto, digo yo que será- -respondió otro chico novillero limited. -La verdad es que desde que se habla do la cuestión europea no cesan de venir sujetos misteriosos- -opina un caballero que sigue paso á paso los asuntos internacionales y litro á litro, los de los vinos españoles. -Primero empezaron á venir moros sobre Madrid Kandor, Alienando, Muley Aza, no pariente de Vital: después apareció el Troiivedur andante. Ese venerable anciano que, con la cabeza descubierta y el sombrero en la mano, recorre las calles de la capital cantando II Trouvedur en sus postrimerías. Un trozo del Miserable de Ja ópera de Verdi; no tiene más ropertorio el Trouvedur movilizado. ¡Pero, en cambio, qué voz! Voz de cabritilla ó de mezzocadavre. Primeramente se supuso que era el cantante un espía de los paraguayos; después. Son dos rusos de pura raza, mercaderes de pieles, que conociendo que España es un país rico y necesitado de abrigo, vienen á negociar en nuestra tierra. Vendená precios reducidos, y en cuanto se enteren de la riqueza pública, venderán á plazos, para facili- tar el uso de pieles entre nuestras clases más incómodas ó menos acomodadas. Los que se disfrazan de osos en Madrid en cuanto apuntan los primeros fríos, están de enhorabuena. Por poco dinero podrán poner márgenes de piel